Los candidatos se confunden entre puestos de sujetadores a dos euros, el último «hit» de Camela y carretillas cargadas de camisetas de Shin Chan para regatear apoyos
15 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Fue ver a Teresa Casal, y Sinaí GimÉnez Jiménez, el príncipe de los gitanos, se ofreció de embajador en la feria de A Xunqueira. Armado con un buen taco de trípticos, que le ofrecieron los colaboradores de la candidata, comenzó a distribuirlos entre los puestos del mercadillo. Le acompañó en la labor, protegido del sol que caía a plomo sobre la explanada con una gorra, Don José. Éste repartía con verdadera devoción el programa del PSOE con un lema de cosecha propia: «Echar por los socialistas, que esto es por la democracia. ¡No a la guerra!». Unos metros más atrás, algo menos efusiva, Teresa Casal repartía programas, caramelos y besos entre un público mayoritariamente femenino. Pero el campeón del besuqueo fue el alcalde, Miguel Lores, quien, menos proclive a andar, se instaló en los accesos al mercadillo para repartir achuchones entre las féminas más maduras. Allí, a salvo del último hit de Camela con el que tuvo que lidiar Casal en un puesto situado unos metros más arriba, el candidato nacionalista probó en sus carnes el auténtico significado de la participación ciudadana. «Na Tafisa hai que cortar unhas árbores que dan moita sombra», reclamaba una vecina. «Hai muchas cagaditas de perro», protestaba otra. Llegado un momento, tan intensas fueron las reclamaciones que Lores comenzó a recibir sentado en un muro. A unos metros, Teresa Casal se aproximaba con paso decidido, dejando atrás el Nunca volveré a enamorarme de los superventas Camela. Segundo momento tenso de la mañana. A las diez y media, Fenández Lores y Teresa Casal evitaron saludarse. La despedida fue más amable. Lores rompió el hielo: «Moi rápido repartiches a propaganda». Primer momento buen rollo después del controverido incidente agapurni. Más de lo mismo en Marín La desacostumbrada asistencia de políticos a los mercadillos también se dejó notar ayer en los demás municipios de la comarca. En Marín, los cuatro contendientes -PSOE, PP, BNG y Mar-In- tomaron por asalto la habitual cita semanal de todos los jueves. En su lucha por conseguir la atención de los vecinos, los potenciales votantes entraron al mercadillo con la intención de echar un ojo a los puestos y salieron con una ensalada de siglas y programas, caras nuevas y otras ya conocidas, además de discursos, todo difícil de digerir en tan pocos minutos. Pero como en Marín las elecciones se presentan reñidas y cada voto cuenta mucho, los candidatos no cejaron en su empeño. Alfonso Blanco Epifanio, el número uno de los independientes, fue el más madrugador. A las once y media ya estaba repartiendo folletos. A pocos metros, el alcalde actual, el socialista Antonio Santiago, charló también con sus vecinos. A modo de chanza, más de un edil intercambió programas con sus contendientes. Un cuarto de hora, en el momento del mayor bullicio apareció María Ramallo, la candidata por el PP. Y por último, en la Alameda, el BNG iniciaba el reparto con el despliegue más espectacular. Anxo Quintana, el coordinador de la ejecutiva nacional, se colocó tras un tenderete y pidió el voto de los vecinos para mejorar Marín y echar al PP del control de la Diputación. A las dos de la tarde, el silencio cayó sobre la calle de Serafín Tobío. Ya no había vecinos y tampoco políticos.