Entre 1927 y 1930 Bóveda no pensaba en política. Sólo en su trabajo en la Diputación y la Caja de Ahorros. Una etapa recogida ahora en una nueva obra
12 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?stamos en el año 1927. Con 24 años, el joven Alexandre Bóveda llega a Pontevedra para ocupar su puesto en la Delegación de Hacienda. Sostiene Rafael López que ésta era la plaza más cercana a su Ourense natal, «del que, si pudiera, no hubiera salido nunca». Pero la ebullición que en la época tenía la ciudad del Lérez le dejó impresionado. Esta circunstancia, unida a la de que conoce a la mujer que luego sería su esposa, Amalia Álvarez, le anima a establecerse. «Mi teoría es que Bóveda tuvo un enamoramiento de Pontevedra desde el primer día -señala el autor de El primer Bóveda-. Para ello hay que comprender cómo es aquella ciudad. Creo que el de 1925 a 1930 es el quinquenio más importante de su historia y en ello tuvo mucho que ver la gran figura del siglo XX de esta ciudad, Daniel de la Sota. Se queda tan maravillado que no se va nunca». Las cédulas Y fue precisamente De la Sota, presidente de la Diputación, quien tan sólo unos meses después de tomar plaza, reclama a Bóveda para trabajar en el organismo provincial, concretamente en la actualización del entonces desfasado servicio de recaudación de las cédulas personales. «Para cada uno de sus proyectos, De la Sota buscaba al técnico más capaz -indicó-. Y por la documentación que he consultado da la impresión de que tienen ese acuerdo. De la Sota le dice: usted es mi hombre y tiene mi confianza mientras me responda. Y eso funciona desde el primer hasta el último día como una maravilla. Cosa que pedía Bóveda, cosa que le daba. Problema que tenía Boveda, allí estaba De la Sota para respaldarle». Mientras impulsaba el citado servicio de recaudación, el presidente de la Diputación le encarga también de poner las bases de la futura Caja de Ahorros, de la que llegó a ser primer director -se inauguró en enero de 1930-. El libro de Rafael López se centra en estos tres años y finaliza cuando el galleguista deja ambos puestos de responsabilidad, después del cambio en la corporación provincial tras el fin de la dictadura de Primo de Rivera.Se trata de un período en el que Bóveda no toca el tema político. Ni siquiera un artículo, ni una conferencia. El joven Alexandre se centra en su carrera profesional. «Es algo comprensible -incide López Torre-porque llega con 24 años, empieza a trabajar en una ciudad que no conoce y se toma el tiempo justo para desarrollar la actividad».La «impresionante» documentación que el autor se encontró en su anterior trabajo sobre la Caja, le permitió abordar esta obra sobre Bóveda. Sin embargo, al margen de los citados archivos, le sorprendió que no haya quedado un mayor rastro escrito sobre el galleguista en esta primera etapa, la más desconocida. «Me llamó la atención que es como si desapareciese todo -matiza-. Archivos, centros de referencia, no hay nada. La poca documentación que guarda la familia tampoco es de esta época. Quizá es porque todo el realce de la figura de Bóveda se ha centrado en el tema de su actividad política o su trágico fusilamiento y no han ido para atrás». En este sentido, espera que el centenario de Bóveda que se celebra este año sirva para ampliar la documentación sobre el economista y poder abordar un estudio general de todas sus facetas.