Cuatro días de marisco y miedo

Lars Christian Casares Berg
Christian Casares PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

08 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Con la marea baja del pasado lunes, a las diez de la mañana, tres centenares de mariscadoras hundieron sus botas en la ría con el ánimo encogido por dos meses de inactividad. En Lourizán, Carmen, una de las que no apostaban un duro por unos fondos apelmazados tras sesenta días de barbecho forzoso, se sorprendía por el tamaño de la almeja extraída. «Costou un pouco máis sacala porque os bancos están duros de non traballalos en tanto tempo», comentaba ya por la tarde en la lonja de Campelo, a la espera de conocer el precio de subasta del género. El aliento entrecortado por el esfuerzo para ablandar los bancos marisqueros también supuso un suspiro para las cofradías de Lourizán, Raxó y Pontevedra. Era la confirmación de que los furtivos no habían aprovechado para hacer su agosto. Las guardias nocturnas de las mariscadoras habían valido la pena. Quedaba, sin embargo, la prueba de fuego. La primera subasta La lonja de Campelo concentró el día 3 a las 16.30, hora fijada para el inicio de la primera subasta posprestige, a más curiosos que compradores. La cosa funcionó. La almeja fina se llegó a comprar a 30,20 euros, y el berberecho situó su techo en un poco habitual 6,35. La historia se repitió el martes, miércoles y jueves. Y dejó sentir sus consecuencias para el consumidor el viernes. Quien se quiso hacer con un kilo de almeja fina hubo de desembolsar hasta 24 euros. Los responsables de las cofradías de la ría con concesión marisquera explican que el sector está a medio gas. Cuando se reanude también el marisqueo a flote habrá en Pontevedra casi mil personas extrayendo productos del mar. Aunque ambas modalidades se complementan debido a que se dedican a diferentes clases de marisco, se teme que los buenos precios registrados en la primera semana de apertura no se repitan.El mayor temor, sin embargo, radica en el deterioro que supondría para la imagen de calidad del marisco tener que volver a cerrar la ría por nuevas oleadas de fuel. El primer susto en forma de galletas de chapapote sobre la arena se lo llevaron las mariscadoras de la vecina ría de Aldán este mismo martes, sólo un día después de que se abriesen los bancos.