Aunque el rey de España no concedió en los primeros años de la transición muchas entrevistas, sí fueron las suficientes para poder enterarse de cuáles eran sus intenciones a este respecto. En la efectuada en enero de 1978 al semanario francés L'Express, apuntó: «Cuando subí al trono tenía una idea general del porvenir de España, pero no un plan rígido. Ignoraba que fuese a sufrir tanto. Todo el mundo estaba contra mí, especialmente cuando nombré presidente del Gobierno a Adolfo Suárez», a lo que añadió: «Incluso mis mejores amigos se equivocan a menudo sobre mis intenciones». Don Juan Carlos sabía que la España surgida del franquismo tenía que ser profundamente democrática y entrar en la Europa que durante tanto tiempo se resistió a admitirla. Para ello se valió primero de Torcuato Fernández Miranda, presidente de las Cortes pre-democráticas, y después de Suárez y de Gutiérrez Mellado. Don Torcuato, como buen profesor de Derecho Político y lector de Maquiavelo, le dijo en una ocasión: «Majestad, el poder tiene recursos para todo». Y así fue.