Ourensano de nacimiento (24 de enero de 1953) y especialista en Medicina Interna, Rafael Pérez-Santamarina desarrolló su carrera como directivo sanitario en Pontevedra, desde que en febrero de 1991 fuera designado director el Hospital Montecelo. Tras casi una década en el cargo, la creación del Complejo Hospitalario (con la fusión entre Montecelo y el Provincial y el desembarco de Pedro Soler) le hizo cambiar de aires en julio de 2000. Durante año y medio se encargó de poner en marcha el Hospital Comarcal do Salnés, hasta que el pasado enero, en una sorprendente jugada de la Consellería de Sanidade, intercambió su puesto con el propio Soler, su enemigo -que lo es, aunque ambos se empeñen en negarlo, o quizás precisamente por ello-. Desde su retorno a Pontevedra, intentó que el diálogo (aquello de lo que más adolecía Soler) presidiese su gestión, aunque con más voluntad que efectividad, según sus críticos. Ahora su amiga Ana Pastor le llama a su lado en Madrid, para que sea su mano derecha en el Ministerio. Deja pendiente el final de las obras de Montecelo, la ejecución de una sentencia que desacredita la política de personal de su antecesor y, sobre todo, devolver la paz a la sanidad pública pontevedresa. Una asignatura que sigue pendiente y que no será fácil de aprobar para su sucesor.