Las precauciones laborales siguen brillando por su ausencia, pese a los últimos avances
27 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Mucho se ha avanzado, pero mucho queda aún por hacer. Un paseo por las múltiples obras que trufan las calles de Pontevedra basta para ver que unas veces por descuido, otras por dejadez y unas cuantas por la propia presión del trabajo las medidas de seguridad más elementales brillan por su ausencia. Dos hombres de mediana edad trabajan en el acondicionamiento de un local en el centro de la ciudad. Lo hacen, como toda la vida, provistos de sencillas ropas de calle -vaqueros, camisetas de propaganda, zapatos castellanos sin brillo ninguno-, manteniendo el equilibrio en un precario andamio azul de unos dos metros de altura, mientras se secan de vez en cuando el sudor que recorre su frente con el dorso de la mano. Es casi la hora de comer, y el sol cae a plomo. Uno de ellos maneja un enorme taladro. Desafiante «Para facer esto non fai falta protección ningunha», dice, desafiante, taladro en mano. Sobre su cabeza, pegada al techo con cemento que aún rezuma humedad, hay una hilera de ladrillos. Más hacia el este de la ciudad, en una zanja, un grupo de obreros fuma y come un bocadillo. Junto a ellos, una excavadora provista de una pluma percutora horada el firme, y un tipo armado con un martillo neumático levanta una parte del asfalto. El hombre del martillo neumático lleva auriculares protectores; el de la excavadora no. «A veces fai demasiado calor», justifica uno de los obreros que comen a un lado de la obra. Su compañero asegura que él procura ir todo lo protegido que puede, «como se fai en todo o mundo menos aquí». El otro cuenta algo que debe ser lamentablemente frecuente, y apunta a la responsabilidad del empresario: «Engancharte co arnés, poñer o casco, poñer as luvas... moitas veces retrásate no traballo, e entón pasas de facelo para ir máis rápido». De tapas Ninguno ha tenido un accidente grave. A pocos metros, alguien ha empapelado una caseta de obra con carteles del foro de prevención de riesgos laborales en la construcción que se celebraba entonces en Pontevedra. En otros casos, los que parecen correr más riesgos son los peatones: en el centro de Pontevedra, un grupo de personas toma café bajo los enormes andamios de la obra de reforma de un antiguo edificio. En el bar han decidido instalar allí la terraza, y a los clientes parece no importarles demasiado acabar tomando su cañita con una tapa de escayola.