Tres visiones de un mismo Café

La Voz

PONTEVEDRA

Xosé Fortes, Juan Fernando de Laiglesia y Baldomero Cores participan en el libro editado con motivo del centenario del Moderno Tres visiones muy distintas del mismo café y de la Pontevedra de la primera mitad del siglo XX: el historiador Xosé Fortes, el artista Juan Fernando de Laiglesia y el catedrático Baldomero Cores son algunos de los colaboradores con los que ha contado la Fundación Caixa Galicia para resumir en un libro los cien años de historia del edificio del Café Moderno y su influencia. La obra se presenta el día 25 y en ella participan también Xurxo Lobato, Carlos Casares, José Ramón Soraluce y Juan Monterroso.

20 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Xosé Fortes Bouzán relaciona en el libro la aparición del Café Moderno con los cambios en las estructuras sociales de la época. El historiador se centra en el primer tercio del siglo XX, antes de la Guerra Civil, y destaca este período como el de mayor transformación social y cultural de la ciudad, una efervescencia que luego quedaría silenciada en los años del franquismo. Como ejemplo de esta evolución, el autor cita que a principios de siglo el sector primario agrupaba a un 70% de la población laboral, mientras que en la etapa de la Segunda República el porcentaje se reduce a un 25%. Por el contrario, el sector servicios experimenta una importante progresión, pasando del 15% al 50%, motivado por el desarrollo comercial y la modernización de servicios administrativos, sanitarios y educativos. Precisamente, es en este último campo donde se advierten los signos de una de las mayores transformaciones, la liberación femenina. Fortes incorpora fotografías de las distintas promociones del instituto pontevedrés, donde se puede comprobar este hecho. Si en 1919 aparece una sola alumna, en 1936 el número de mujeres es igual al de hombres. «La alfabetización femenina fue la gran asignatura que se cumplió en la época, aunque con el franquismo la mujer volvió a las cavernas», señala Fortes. El historiador subraya también que estos cambios culturales fueron parejos a los políticos y que las posiciones de los distintos partidos se fueron radicalizando hasta la llegada de la guerra del 36. Aunque la ciudad mantenía las barreras de clase, uno de los agentes que propició «la mezcolancia social» fue el cine. Precisamente, el Café Moderno acogió también proyecciones de películas. «Esa mezcla rompe un poco la élite -señala- porque todos ven la misma película y tienen los mismos ídolos». Fortes cree difícil recuperar el espíritu cultural del Moderno, «porque Pontevedra tenía entonces mayor liderazgo».