MARTIÑO SUÁREZ CRÓNICA Carteles de campaña, pintados o mutilados en la ciudad
06 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.ío bueno, Manolo, por tí no pasan los años». Pero ¿qué es esto? ¿Una convención de admiradores de Fraga? Pues no. Tres días después de la pegada con la que se abrió la campaña electoral gallega, buena parte de los carteles que unos y otros han colocado por Pontevedra aparecen pintados, corregidos o mutilados. En una calle de Ponteveda alguien se ha dedicado a arrancar, con una meticulosidad casi psicopática, los ojos de los candidatos impresos en los carteles de publicidad. Los pontevedreses no parecen llevar bien eso de que cada cierto tiempo les decoren las paredes con fotografías de tipos afables que dicen frases hechas. Frente a la Audiencia, dos hombres reparan con cinta adhesiva carteles rodantes, aún enganchados a sus furgonetas, en los que Fraga ofrece su mejor sonrisa. En un semáforo, junto a la Alameda, se para la camioneta del BNG, que emite una retorcida e ininteligible música de violines. Los ocupantes de estos vehículos están pendientes de lo que se les ha hecho a sus carteles. En Fernández Ladreda se encuentran, seguidas, vallas de Beiras, Touriño y Fraga. A los tres les habían pintado una nariz roja, de payaso, aunque ayer los afiches manchados habían sido sustituidos por otros nuevos. La furia pintora ataca a los tres principales aspirantes a la presidencia, pero Fraga es el favorito de los decoradores. Sobre su omnipresente propaganda se pueden leer frases como «Manolo, que ben te nos conservas», «home cavernícola», «home neardental (sic) patrimonio da humanidade», «e dura, e dura, e dura» o «je, je, je», en referencia a la famosa sonrisa de la fotografía. Además, en alguna zona han cubierto parte de su rostro con pasquines a favor de la demolición de la estatua de Franco. Sobre una cabina desde la que Beiras mira, presidencial, a quien telefonea, alguien ha rotulado «ayatola». Hay zonas en las que la densidad de la cartelería del PSOE es abrumadora. En la rotonda de la carretera de Vigo hay no menos de media docena de vallas con un Touriño sonriente sobre un fondo de dunas. Un joven observa desde la acera el despliegue: «Parece un anuncio de compresas», sentencia.