El rey de los novillos

M. ESCAURIAZA PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

El concejal Manuel Abeledo es el miembro de la corporación local pontevedresa que más ausencias acumula Manuel Abeledo López, «ausente». Manuel Abeledo, «no pudo venir». Abeledo López, «tiene compromisos en la Diputación». El concejal Manuel Abeledo es el rey de los novillos. No hay político en la corporación municipal de Pontevedra que le arrebate tal distinción. Aunque en otros estamentos también hay mucho que decir sobre la fidelidad que guardan a sus votantes los titulares de uno u otro escaño. Pero lo cierto es que de las 24 sesiones plenarias celebradas por el Concello pontevedrés, sobran dedos en una mano para contar las asistencias del edil. Sólo las arcas municipales resultan beneficiadas, al haberse ahorrado unas 350.000 pesetas. Porque, eso sí, el que no hace sus deberes, tampoco cobra.

13 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Por ello, hay pocos políticos que se permitan el lujo de copar o hacer pellas, como si vivieran sus mejores años de adolescencia. Claro que entonces se jugaban un curso si no conseguían justificar sus ausencias. Pero ahora, de maduros, el sistema les protege y sólo pueden ser objeto de un rapapolvo político, porque los electores sólo tienen voz y, sobre todo voto, cada cuatro años. Pero si su organización no pone pegas, pues nada, a ocuparse de otras tareas, que en política hay mucho que hacer. Por ejemplo, presidir la Diputación de Pontevedra, para lo que primero, obviamente, hay que salir elegido diputado. Pero, para obtener este acta, su dueño habrá tenido que ser investido edil en alguno de los ayuntamientos de la provincia. ¿Cuál?, lo mismo da. Así, el número dos del PP en la lista que lideró el ex alcalde Juan Luis Pedrosa, en las elecciones municipales de junio de 1999, logró, por segunda vez, seguir ocupando el trono del palacio provincial, donde su devenir no registra ausencias tan reiteradas y significativas como las que él protagoniza en la casa consistorial. Y, eso que apenas unos metros separan ambos organismos. Claro que ausentarse de un pleno provincial tiene mayor coste, sino político, sí económico. Cada uno de los 27 diputados que forman la corporación provincial cobran 50.000 pesetas por asistencia a estas sesiones, una cuantía considerable en comparación con las 17.000 que abona el ayuntamiento a sus concejales por el mismo concepto. De nuevo en el trono En descargo de Manuel Abeledo hay que recordar que permaneció una larga temporada de baja a causa de un delicado estado de salud, ahora por fortuna superado. Prácticamente desapareció del mapa durante las pasadas elecciones generales, y tras someterse el pasado verano a un trasplante de riñón y haber contribuido a la renovación en su partido, cediendo el puesto de presidente provincial del PP, al que accedió tras la dimisión de José Cuiña, recuperó su sillón en la presidencia de la Diputación Provincial, ocupada transitoriamente por Rafael Louzán. Salvo en la sesión constituyente y el 23 de mayo del año 2000, y si los cálculos no fallan, el presidente provincial no ha vuelto a ostentar su puesto de concejal de la capital. En agosto del 99, apenas un mes después de haber formado parte de la primera corporación presidida por un nacionalista, después de varios periodos consecutivos de mandatos populares o centristas, comenzó a dejar libre su asiento en las filas del PP, ahora en la oposición. En los dos plenos siguientes celebrados ese mismo año, tampoco se dejó ver. Y empezó el año 2000 con una sesión que fue objeto de varias faltas de asistencia: Salomé Álvarez -también parlamentaria del BNG- Teresa Casal, Luciano Santiago Esperón -ambos del PSOE- y los populares Enrique Magdalena y Manuel Abeledo. La lista hasta 24 podría ser interminable. Pero, el único denominador común es que su nombre, siempre acabaría siendo una constante. El esquema diseñado por el PP antes del 13-J del 99 ha demostrado ser sólido, porque ha resistido varios envites. El primero fue unos días después de las elecciones, cuando un núcleo de políticos maniobraron para dejar sin escaño provincial a Pedrosa, lo que le comprometía como jefe de la oposición. El segundo fue protagonizado por el propio Pedrosa, al poner su futuro en manos de su amigo Mariano Rajoy, con el ánimo de ocupar un cargo en Madrid. En ambos casos, Abeledo se hubiera visto en la incómoda situación de compaginar la presidencia de la Diputación con la jefatura de la oposición de un Ayuntamiento bastante ajeno para él.