Las principales reivindicaciones de Pontevedra llevan años empantanadas en documentos de análisis que retardan las inversiones «Creo que Pontevedra es hoy en día la ciudad más estudiada de Europa». La frase, pronunciada por el portavoz de la Plataforma 5-J, Ángel Mario Lago, no se refiere, aunque a primera vista pudiera parecer otra cosa, al alto nivel de estudios que van alcanzando los jóvenes de la comarca, sino a la «jungla» de informes y documentos oficiales en los que están empantanadas las principales reivindicaciones de la ciudad. Demandas como la circunvalación, la conexión con la A-52, la rebaja de los peajes, el hospital único o las dotaciones universitarias son o han sido ya víctimas de algún estudio.
08 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Dice el manual de cualquier político mínimamente experimentado que basta con crear una comisión para mandar un problema a la eternidad, pero hay ocasiones en las que un simple informe o un estudio bastan para empantanar o dilatar las inversiones. «Ya se ve -dice Ángel Mario Lago- lo que está pasando con Pontevedra en los presupuestos tanto de la Xunta como del Gobierno. Ni una peseta se contempla. Lo único que se contempla son estudios y yo creo que Pontevedra es hoy en día la ciudad más estudiada de Europa. Pero no tenemos más que estudios». La vieja técnica del estudia y échate a dormir ha producido ya estragos en el desarrollo de la ciudad. Así, el anillo de A Eiriña, construido por la Xunta y rematado hace un par de años, estaba previsto ya en los años 50. La obra de la curva de Os Praceres, destinada a suprimir un peligorso cruce, «hace 16 años que nos la están vendiendo», asegura el portavoz vecinal. Y, al menos cronológicamente, la cuestión no tiene mucha discusión: ya los gobiernos de Felipe González andaban con este proyecto a vueltas, pero la obras comenzaron el pasado verano y marchan con varios meses de retraso. No obstante, si hay un proyecto que debe estar perfectamente estudiado es el ferrocarril a Marín, erróneamente llamado por algunos la obra del siglo y quizá más acertadamente considerado por otros como «o tren do demo». Y es que el tren al puerto, por más que se diga, ya no es de este siglo, ni siquiera del pasado. Los primeros planteamientos, estudios y previsiones datan del siglo XIX. Luego, se pasó ochenta años del siglo XX echando humo y parándose en las más diversas estaciones administrativas, técnicas y burocráticas. Si alguien creía que la llegada del siglo XXI iba a poner el punto final a la cuestión, estaba equivocado: vamos a tomar las uvas con la línea en obras y sólo el futuro dirá cuánto tiempo se toma este tren non nato antes de que se oiga su primer pitido en Estribela. Claro, que siempre puede surgir por algún lado un nuevo estudio.