Un viaje por la leyenda y la historia

Alfredo López Penide
LÓPEZ PENIDE PONTEVEDRA

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

El itinerario de Rafael Lago, secretario de la Filarmónica de la ciudad del Lérez, recorre algunos escenarios de batallas Desde tiempos inmemoriales la música ha servido para, entre otras cosas, apaciguar a la fieras o ensalzar la historia de unas gentes o de un pueblo. En esta ocasión, los sonidos de la Sociedad Filarmónica de Pontevedra se convierten en la banda sonora apropiada para un itinerario donde se mezclan bellas panorámicas de las Rías Baixas con algunos fotogramas de la historia de la comarca y con los efectos especiales de su gastronomía. Sólo el invitado de hoy en la sección «De paseo con...» podría reunir en su figura las virtudes necesarias para completar este guión y esta persona no podía ser otra que el secretario de esta institución, Rafael Lago.

12 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El itinerario propuesto por este cicerone ocasional comienza con un desayuno en la terraza del Carabela. Un establecimiento situado en el incomparable marco arquitectónico de la praza da Estrela en la Ferrería. Además de un café, Rafael Lago recomienda probar sus tostadas, «que están muy buenas». Con el estómago lleno y la cabeza despejada, el guía de esta jornada turística destaca que su ruta combina la travesía en coche con tramos caminados. Con esta idea, la comitiva inicia la marcha hacia Marcón. El grupo de visitantes recorrerían el monte de la Fracha, que posee unos parajes extraordinarios y desde cuya cumbre se puede observar la ría de Pontevedra. En esta parroquia los visitantes deben contemplar la iglesia parroquial, la casa rectoral y la ponte do Couto. A continuación, la comitiva se traslada a la población de Ponte Sampaio. Un lugar conocido por la victoria en la batalla del 7 y 8 de junio de 1809 contra las tropas napoleónicas y en el que destacan la iglesia de Santa María de Sampaio y el puente romano sobre el río Verdugo. Tras visitar esta zona, Rafael Lago conduce al grupo hasta el castillo de Soutomaior. Una fortaleza, símbolo del poder político gallego durante la época de Pedro Madruga, que fue reformada en el siglo pasado y que, en la actualidad, es un importante centro turístico. Desde aquí, la comitiva se traslada al alto da Peneda, en donde este guía recomienda detenerse en la ermita da Virxen da Peneda, un templo levantado sobre una antigua aldea celta. Los turistas pueden «disfrutar de las panorámicas sobre la ría de Vigo». Un tesoro de leyenda Aprovechando la proximidad de Arcade, este cicerone ocasional se acercaría a esta población para comer y reponer fuerzas. Su elección, el restaurante Arcadia. En este establecimiento, el grupo de virtuales turistas degustaría uno de los mariscos más afrodisiacos, las ostras. Eso sí, acompañadas de un embriagador albariño. Tras un café, Rafael Lago y sus acompañantes inician el itinerario vespertino que, en un principio, les llevaría hasta el lago de Castiñeiras y al mirador de Cotorredondo, en el Concello de Vilaboa. La historia de este Ayuntamiento está marcada por la leyenda. En 1702, la Armada española estaba amarrada en las proximidades de la ensenada de San Simón, cuando la escuadra anglo-holandesa la atacó. En la batalla, algunos galeones hispanos, presumiblemente con grandes cargamentos de oro y plata, se hundieron sin que hasta el momento se hubiese podido recuperar nada de ese tesoro legendario. Al atardecer y antes de que la noche se les eche encima, el virtual grupo de turistas se acercan hasta el monasterio de Lérez, popularmente conocido como de San Benitiño, o, en su lugar, hasta el área de petroglifos de Campo Lameiro. Este espacio geográfico, considerado como la capital gallega del arte rupestre, está constituido por un conjunto de túmulos megalíticos en once castros. Algunos de estos últimos, como el de Praderrei, San Isidro o Castro de Orto, conservan en la actualidad su estructura arquitectónica original. Un museo al aire libre que «por sí solo ya merece una ruta», según matiza Rafael Lago. Por su parte, el monasterio benedictino de Lérez albergó un colegio de filosofía y de humanidades por el que pasaron ilustrados de la talla intelectual de los padres Feijóo o Sarmiento. Asimismo, su atrio acoge todos los 11 de julio una de las romerías religiosas con más arraigo en la provincia.