La noche más «in»

La Voz

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

PLAZA DA FERRERÍA

14 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Un total de veinticuatro casetas participan en la Feira do Libro, que se inauguró ayer en el paseo de Montero Ríos MÁS PROTAGONISMMO DEL HABITUAL. No había reina de las fiestas. Así que las catorce muchachas que se presentaron en sociedad durante la pasada noche del sábado al domingo en las instalaciones del Liceo Casino, tuvieron más protagonismo del habitual. El presidente de la sociedad, José Ángel Fernández Arruty, se encargó del protocolo y las jóvenes pudieron abrir el baile, un privilegio reservado a la reina mayor de las fiestas de la Peregrina, acompañadas de sus familiares, padres, tíos o hermanos. Entre las principales protagonistas de la noche se encontraba, por ejemplo, la hija del subdelegado del Gobierno en la provincia de Pontevedra, Alejandro Millán Mon, que formó pareja con ella en el primer vals. INVITADOS MUY «IN». Entre las setecientas personas que acudieron a la cena previa al baile se encontraban, como es habitual, algunas de las principales autoridades civiles y militares de Pontevedra, así como el vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy. A todos ellos se unieron varios miles de socios e invitados que bebieron y bailaron al ritmo que marcaron las dos orquestas. DIVERSIÓN UN TANTO SNOB. Pijo donde los haya, para asistir al baile fue necesario que los hombres lucieran esmoquin y las mujeres vestido largo por debajo de los tobillos. Si alguna listilla se atrevió a incumplir esta rígida norma, posiblemente le hayan cerrado las puertas en las narices. Por supuesto, la mayoría prefirió no llamar la atención del resto de invitados, pero, para que la moneda tuviera sus dos caras, algunos hombres se paseron con pajaritas plateadas, estampadas y fajas de colores llamativos. No obstante, a la hora de dar el cante, las mujeres y jovencitas se llevaron la palma. Volantes al más puro estilo Rocío Jurado, vestidos sacados de Lo que el viento se llevó y tacones del tamaño de las construcciones de la Escuela de Chicago no impidieron que la juerga se prolongase hasta casi las 9:30 de la mañana, obviamente, con excesos etílicos incluidos.