Dependiendo del evento a Lola le piden una u otra especialidad; tradicional o corte innovador.
-¿Qué le solicitan habitualmente dependiendo de la ocasión?
-Si hablamos de una fiesta en casa suele ser pastelería tradicional pero en un bautizo, cumpleaños o si se trata de hacer un regalo entonces me piden algo novedoso. El fondant es cierto que da un toque mucho más elegante y tiene una forma específica a la hora de cortarse. Son tartas más altas para que no se corten grandes tajadas en que solamente se comería fondant. Bueno también hago tartas decorativas pero que no llevan fondant sino que lo sustituyo por crema o ganache de chocolate. Me gusta la pastelería en general y soy de las que opino que se puede combinar tradición y modernidad. Cada vez me gusta más este mundillo.
-Vamos que le gustaría dedicarse profesionalmente a ello...
-De momento no me dedico profesionalmente a la pastelería pero me gustaría. Tengo que terminar en Vilamarín y depende de como vayan las cosas. Me gustaría tener obrador propio o trabajar en una pastelería...
-Ya que habla de pastelerías, ¿considera que hay grandes maestros pasteleros en la zona?
-Creo que se hace buena pastelería en la zona en términos generales. A lo mejor nos hemos alejado, en algunos casos, de productos naturales a la hora de hacer las elaboraciones de tartas y pasteles y nos hemos ido a determinados preparados artificiales. Luego está la mano del pastelero que influye mucho en la elaboración del dulce.
-¿La materia prima en pastelería creativa es más cara que en la tradicional?
-Es más cara. El fondant, por ejemplo, lleva nubes y azúcar y luego precisas toda la paleta de colores del fondant además de las estecas para cortar, de bolillo... En la pastelería creativa se precisa de mucha creatividad a la hora de elaborar. Un amigo llega con una idea, la comenta y nada más. Tu trabajo comienza recogiendo esa determinada idea y dándole cuerpo.
-¿Qué fue lo más complicado que le pidieron?
-Una maleta con siete chicas encima. Fue para una despedida y lograr que cada una de las chicas tuviese su rasgo específico no fue tarea fácil. Hubo que mezclar colores para conseguir el color de pelo y la tonalidad adecuada, hacer rizos y cabelleras lisas; empaquetar y que todo llegase en perfecto estado a Santiago.