Y el cielo cayó sobre nuestras cabezas

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

VERÍN

24 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

El jefe de la irreductible aldea gala de Astérix y Obélix, Abraracúrcix, solo teme una cosa. Que el cielo caiga sobre su cabeza. Un miedo irracional, infundado y sin sentido pero capaz de inquietar al prohombre de un pueblo que atesora una poción mágica que lo hace invencible. Contradicciones del ser humano. O no. Quizás supervivencia: tenemos miedo para sobrevivir. El jefe galo, eso sí, se tranquiliza diciendo: «Pero eso no va a ocurrir mañana». Y acto seguido le mete un mamporro a un romano.

Ourense hace tiempo que dejó de ser irreductible. Cada vez parece más pequeña, más vieja, más encogida. Imagínense que alguien decidiese hacer un cómic y cambiar la aldea acosada por los romanos por la provincia acosada por la despoblación. Si al desarrollar el argumento tuviese que buscar un temor irracional, al que los habitantes apelaran en los momentos más dramáticos, quizás elegiría este: se van a cerrar los paritorios. Hace 25 años (cuando abrió el hospital de Verín), el año pasado (cuando en ese hospital nacieron 87 niños) o el pasado jueves ese podía ser el cielo que iba a caer sobre nuestras cabezas, nuestro temor colectivo. Como Abraracúrcix: un miedo irracional, infundado y sin sentido.

A los galos el cielo solo se les cayó encima metafóricamente hace casi 15 años. Astérix y Obélix cambiando romanos por extraterrestres.

A los ourensanos, lo de cerrar los paritorios nos ha sucedido de manera literal, inquietantemente real. Y es que el Sergas anunció el viernes que las ourensanas que viven en el distrito sanitario de Verín (y ojo, que eso no es solo Verín) tendrán que dar a luz en la capital.

La decisión es técnica, la explicaron junto al gerente dos jefes de servicio y la motiva el «dramático» descenso de nacimientos. 47 en lo que va de año. Está todavía demasiado reciente como para opinar sobre ella sin matices. Y es que lo de los paritorios es la última viñeta pero con los dibujos de las páginas anteriores se puede entender esta historieta en la que se ha convertido la aldea ourensana. Más allá de las lecturas reposadas que vendrán (y que podrán ser técnicas, pero también políticas) lo cierto es que cuando escuchamos la frase «el Sergas cerrará los paritorios de Verín» el cielo se nos cayó encima.