Los más de 300 participantes en las Xornadas de Folclore se reparten entre dos residencias y un hostal
16 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Son las dos de la tarde y la residencia de la Universidad Laboral es un hervidero de gente. Allí es donde están alojados la mayor parte de los grupos participantes en la vigésimo quinta edición de las Xornadas de Folclore. Diferentes etnias, idiomas, usos y costumbre hacen del lugar una auténtica Torre de Babel, en la que además de los músicos hay un buen número de ourensanos que trabajan como voluntarios para garantizar que su estancia en la provincia es satisfactoria.
En total son 40 los colaboradores desinteresados que ayudan a organizar estas jornadas. En su mayor parte son jóvenes ourensanos relacionados con el Centro de Cultura Popular Xaquín Lourenzo o con la Escola Provincial de Danza, aunque hay de todo. Uno por ejemplo repite cada año a pesar de ser de A Coruña.
Su trabajo comienza a primera hora de la mañana. En ese momento los directores de los grupos folclóricos se reúnen con el director de las jornadas, Xulio Fernández, que dedica todo el día en exclusiva a organizar cada detalle. Él se encarga de cerrar el plan de la jornada con cada una de las formaciones. Mientras, los músicos y bailarines tiene la mañana libre y disponen de autobuses especiales desde la residencia -además de la de la Universidad Laboral hay grupos en la de As Burgas y en un hostal de Taboadela- hasta las piscinas de Oira. En ese viaje son acompañados por voluntarios, que también están a su disposición si, por ejemplo, desearan dar un paseo por la ciudad, siempre con permiso de sus respectivos directores.
A las 14.00 horas todos se encuentran de nuevo en la residencia para comer juntos. Cada grupo lo hace en una mesa diferente, aunque no por ello los jóvenes músicos dejan de relacionarse entre sí. De hecho es fácil encontrarse con gente de diversas nacionalidades charlando en los descansillos y en los alrededores de la Universidad Laboral.
Tras comer y descansar un poco, los grupos a los que les toca viajar para dar concierto se desplazan hasta el lugar programado y no vuelven hasta bien entrada la noche. En las actuaciones toman parte como miembros del equipo una media de 25 personas encargadas de la iluminación, el sonido y la decoración de los escenarios. Ya de vuelta en Ourense, si lo permiten los directores los jóvenes pueden salir por la ciudad, aunque este año se ha incrementado el control de las salidas y se impide la entrada de extraños a la residencia por temor a problemas.