Lodoselo redescubre a su beata

La religiosa limiana Dorinda Sotelo será subida a los altares en noviembre, tras trece años de trámites

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xinzo / la voz

El beato es un difunto cuyas virtudes y atributos espirituales especiales han sido reconocidas por el Papa. Puede ser honrado con culto por los católicos. Solo una veintena de ourensanos gozan en la actualidad de tal honor. La siguiente, en noviembre, será una humilde religiosa limiana nacida en Lodoselo (Sarreaus) el 16 de febrero de 1915. Una ceremonia en Madrid, presidida por el prefecto para la Congregación de las Causas de los Santos, el cardenal Ángelo Amato, pondrá el punto y final a un largo proceso de tramitación eclesiástica iniciado hace ahora 13 años en Valencia. Ese tributo está reservado a aquellos que entregaron su vida por defender la fe y supone el paso previo a una eventual canonización.

Su aldea natal se prepara para el gran día. No serán pocos los antelanos que se desplacen hasta la capital de España ese día para asistir a la ceremonia. Uno de las primeras actividades preparatorias aconteció el pasado 17 de agosto, durante la fiesta del pueblo. Un retrato de la futura beata, diseñado en Italia por encargo del arzobispo de Belcastro, el también limiano José Rodríguez Carballo, preside ya uno de los laterales del templo del pueblo. A más largo plazo, la edición de un libro y una bibliografía sobre la finada religiosa serán impulsadas por la parroquia y la diócesis.

La historia de Dorinda Sotelo Rodríguez es poco conocida para muchos vecinos de su comarca. Era la mayor de cuatro hermanos, todos ya fallecidos, e hija de labradores. «Desde muy joven manifestó su vocación religiosa», señala el párroco de la aldea, José Manuel Sobrino Fernández. Cursó sus estudios en Ourense, en el colegio de la Purísima. Posteriormente se desplazó a Madrid y luego a Barcelona. Eran los albores de la guerra civil española. En la ciudad condal, Dorinda tuvo la opción de escapar del acoso de los milicianos republicanos. «Al ser aún novicia, su superiora le ofreció la opción de volver a casa, algo que ella rechazó», expone el párroco. Un médico refugió a la joven y a otra compañera en su casa, figurando ambas como empleadas del hogar. No valió de nada. Fueron denunciadas como religiosas y martirizadas el 24 de octubre de 1936. «Se la asesinó con una gran saña. Su cadáver quedó irreconocible a consecuencia de las heridas», relata el sacerdote de Lodoselo.

La casa natal de Dorinda aún se conserva en buen estado en el casco histórico de Lodoselo. En su patio todavía se mantiene un viejo retrato de la futura beata y otro de sus padres. Varios sobrinos de la religiosa viven en Sarreaus. Sus vecinos no ocultan su satisfacción por el reconocimiento a la beata. «Es una satisfacción para el pueblo. Fue una persona apegada a su aldea», asegura una lugareña.

Emoción

«El día que colocamos su retrato en la iglesia fue muy especial. Esa jornada hubo una enorme carga emotiva entre los fieles, muchos de ellos lloraron. Dorinda es una hija de Lodoselo, fue bautizada en una vieja pila que aún se conserva en el templo. Varios de sus sobrinos viven y es una familia de toda la vida del pueblo», asevera Sobrino Fernández.

Desde mediados de noviembre, aquella sencilla Hija de la Caridad podrá ser reverenciada en los templos.

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