Gamberros

Jerónimo Martel

PORQUEIRA

El sábado, el concello de Porqueira sufrió una gamberrada demencial. Los gamberros quemaron el coche motobomba, rompieron cuantos cristales pudieron del conjunto integrado por el garaje municipal, el tanatorio y el centro de día, y, en fin, destrozaron los baños y vestuarios del campo de fútbol. Ocasionaron, en suma, una auténtica catástrofe pública, clasificable en el delito de daños y aplicable a la vida de todo un pueblo. El diccionario de la lengua, a través de la definición encadenada de diversas voces, llama gamberro al libertino disoluto que comete actos de grosería o incivilidad, con desenfreno en las obras o en las palabras y sin decoro ni urbanidad. Y el Diccionario de Sinónimos aplica, entre otros, al gamberro los sinónimos de licencioso, maleducado, sinvergüenza, chulo y desvergonzado, mientras aplica al vándalo los de bandido, bárbaro, desalmado y salvaje. Pero se queda corto cuando el gamberro pasa al delito. Entonces, el adjetivo que le retrata es el de delincuente.