«Solo miraba al niño y ni tuve tiempo de pensar en el partido»

OURENSE CIUDAD

MIGUEL VILLAR

Diego Vieytes completó la semana perfecta con el nacimiento de su hijo y el ascenso a Tercera

29 may 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Diego Vieytes (Ourense, 1990) ascendió a Segunda B con el Fabril cuando apenas estrenaba los veinte años. En la temporada pasada repitió la gesta con el Rápido de Bouzas y todavía siente una evidente emoción cuando habla de lo que sucedió el domingo en Atios, donde rizó el rizo.

«Todavía estoy en una nube, porque ha sido la semana perfecta, con el nacimiento de mi hijo y el objetivo cumplido de ascender con el Ourense a la Tercera División», relataba el feliz padre, que llegó también limitado por molestias físicas y la falta de sueño que acumuló en las horas previas a la llegada al mundo de su descendiente: «Estaba previsto que naciera el día 28 y pensamos que podría coincidir con el partido, pero se adelantó cuatro días y la verdad es que borró toda la tensión que pudo provocarme el fútbol. En casa solo miraba al niño y ni tuve tiempo de pensar en el partido, me vino hasta bien para no llegar ansioso. Así se lo dije a Nacho cuando llegué al entrenamiento del viernes. También estaba un poco justo por los problemas que arrastraba en una pierna. En Baiona jugué casi cojo y contra el Sanxenxo tuve que hacerlo con un vendaje, pero todo salió bien y logramos el triunfo que se merecía este equipo».

Y todo en una campaña que no comenzó del mejor modo para Vieytes Salgado, quien reconoce que su salida del Rápido no fue lo que esperaba cuando disfrutó de otra gesta impensable, de la mano de Patxi Salinas, quien lo definía como uno de los mejores centrales de la Tercera División: «Fue un palo no continuar en Bouzas y también que mi situación en Boiro no fuera la esperada cuando me decidí a jugar con ellos. Pero tenía claro que aquí iba a estar muy feliz y, aunque estuvimos un poco hundidos durante unos meses y nadie contaba con nosotros, siempre estuve seguro de que lo conseguiríamos y ver ahora la alegría de toda la gente que tenemos a nuestro alrededor no lo paga nadie».