El fundador de Anaya, Germán Sánchez, veranea en Sanxenxo desde hace 40 años
13 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En medio de todas las moles de edificios que dibujan el sky line del paseo de Silgar, solo hay una pequeña casa que resiste a la embestida de la construcción. Es Granxola. Durante el invierno recibe a sus dueños solo alguna semana salpicada en el calendario laboral de un hombre que entiende el trabajo como la medicina para mantenerse vivo.
Desde hace 40 años el fundador de Anaya y Xerais, Germán Sánchez Ruipérez, escoge Sanxenxo como lugar de descanso. «Primero estuvimos en A Coruña, luego Marín, Playa América... pero al final lo más idóneo fue venirse a Sanxenxo», explica Sánchez con una exquisita educación antes de irse a navegar con su familia. «Hoy estamos doce, pero mañana seremos catorce entre los hijos y los nietos. Es la manera de pasarlo muy bien, además con este clima tan mediterráneo», señala. Germán Sánchez es la viva historia de Sanxenxo. Recuerda cuando le compró la casa al doctor Varela de Santiago hace 35 años y como tiempo después ampliaron la parcela con otros 14 metros más.
Historia casi centenaria
La propietaria del terreno original dividió su finca en parcelas hace setenta años y el facultativo santiagués que luego vendería su parte al editor salmantino se quedó con la fachada que da a la playa. «Venir a Sanxenxo para meterse en un apartamento es un sacrilegio», asegura. Desde entonces viene cada año acompañado de su mujer Ofelia Grandes, que por lo que cuenta su esposo es la artífice de veranear en tierras gallegas, ya que sus raíces están en Ourense.
Su casa es la única que queda en el paseo de Silgar junto a una que se encuentra al final del mismo, cuando la calle se enfila hacia Punta Vicaño. Sánchez me cuenta que es de Jaime Olmedo, que durante muchos años tuvieron los almacenes Olmedo de Pontevedra. Este verano parece que no hay mucho movimiento en los últimos reductos del pasado que mejoran la imagen de Silgar. El fundador y presidente de Anaya hasta que la vendió hace diez años solo nota en falta «un sistema de acontecimientos o actos para hacerla menos solitaria en invierno».
Navegar le hace más libre
Pero es en el mar donde Germán Sánchez, que ahora se dedica a la fundación que lleva su nombre, encuentra la verdadera libertad. Si el tiempo no se lo prohíbe, sale a diario al mar. Él mismo maneja el timón, aunque su barco Silgaro cuanta con tripulación para que él pueda disfrutar del mar. No es un nombre aleatorio. Responde a una explicación muy clara. «Esta zona era una lugar de muchos jilgueros y por eso le puse ese nombre», reconoce. Antes de acabar la conversación, me cuenta como un gran amigo suyo siempre le recomendó Sanxenxo como lugar de veraneo. «Mi amigo tenía un piso en Alicante y siempre me decía, Germán no adquieras nada aquí, vete para Sanxenxo», señala orgulloso de su decisión.