Espacios artificiales en Risco

TAREIXA TABOADA OURENSE

ALLARIZ

Xavier Cuíñas y Tita Fraga exponen sus obras en Allariz

15 jul 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

La fundación Vicente Risco de Allariz en su programación de «Arte en Risco» presenta un excelente calendario de exposiciones y actividades. La fundación, como contenedor de arte, cuenta con una localización privilegiada para el desarrollo de dichas actividades y se ha convertido en espacio dinamizador de la villa y punto de encuentro entre artistas e intelectuales, tal vez por llevar una programación atractiva o contar con la excelencia de artistas como Xavier Cuíñas y Tita Fraga, que exponen sus obras en la fundación hasta el 4 de agosto.

Cuíñas infunde la serena tranquilidad de los grandes creadores y una sencillez que subraya su enorme talento, su exquisita sensibilidad y la delicadeza sublime de sus construcciones reafirman la fuerza de su discurso conceptual con una obra de una potencia radical no exenta de poesía. Xavier Cuíñas conquista el espacio elevando el concepto de escultura. Revierte el criterio tradicional de cerramiento en la escultura abriéndola a realidades artificiales y construidas, creadas en espacios acotados sin referencias externas. Descontextualizadas. Abstraídas. Inventadas.

Así es el espacio interno de sus Caixas de Resonancia, esos mundos creados en un espacio finito con una atmósfera propia y autónoma del exterior, en el que el protagonismo de los objetos convertidos en entidades propias con significado, se integran elevándose sobre la profundidad dada por el dibujo incluido en el espacio plástico. Los objetos que se presentan en el espacio acotado de las cajas giran en el bucle generado por el vuelo de la avioneta, en su hélice, en la rueda y en una serie de construcciones de estructuras lineales en un espacio arbitrario, falseado. Objetos suspendidos y realizados a partir de figuras geométricas como el círculo, o el cuadrado, unidos concéntricamente en un equilibrio que intensifica el sentido de ingravidez.

Son transposiciones de figuras bidimensionales a entidades tridimensionales individuales, masa y materialidad se transforman en movimiento y reflejo de luz. Cuíñas amplia el concepto de escultura abstracta y estructural iniciado por los artistas rusos del Constructivismo, como Tatlin en la forma de trabajar directamente a partir de la «Faktura (término paradigmático en el arte moderno ruso) de los materiales», tensión, color, brillo, estructura, solidez y elasticidad. Su replanteamiento lo aleja de la fusión hombre-máquina de Boccioni, no en el concepto del maquinismo sino en el rechazo a las referencias externas planteando cada escultura como una estructura compleja dentro de los límites impuestos por su espacio acotado.

Cuíñas «pone la obra a volar» situando la pieza en un espacio intervenido pero real, ocasionando una percepción de bosque mágico en el que las formas suspendidas crean efectos rítmicos en la proyección de luces y sombras en una coreografía circular y envolvente equilibrada en torno a su núcleo gravitativo. A partir de la desintegración de la materia su preocupación «es la ocupación del espacio a través de la esfera como configuración física de mayor rendimiento energético».

Rompe con el criterio tradicional de la escultura estática, anulando el pedestal, con una escultura aérea y musical en Mensaxeiros do Vento y en Buxaina traspasa calidades transparentes a la escultura, suscitando tensión entre los espacios de luz etéreos del cristal y la masa de la madera «viva». Esas estructuras racionales y su investigación a través de las formas, de conceptos como la simetría, inestabilidad, asociación, subordinación y ritmo de las piezas abstractas y reversibles acercan su experimentación a los mobile de Calder, a «las formas esenciales» de Gabo, «el artefacto» de Tinguely, las conquistas espaciales del grupo Zero y los artistas cinéticos de la GRAV de los 60; las construcciones de Rodchenko, Tatlin o El Lissitzky, ampliado desde un proyecto personal y un sistema celular de la escultura.

Tita Fraga revisa la técnica tradicional del grabado reaccionando desde un concepto revolucionario y artístico de gran calidad y de una plasticidad casi táctil y radicalmente rompedora por su expresividad, intencionalidad de los motivos y tratamiento de las formas. La artista revierte y libera al grabado de ser mera estampación seriada y convierte cada obra en una intervención espacial en la que dispersa o revienta las formas sugiriendo fragmentos tridimensionales en la explosión de las mismas. Otras veces juega con la imagen en positivo y negativo y establece una poesía de blancos en el gofrado, renunciando a la tinta en la estampación de la plancha pero no al hueco de la forma por la presión del tórculo.