A Veiga


Por si no fuese suficiente con poder presumir de uno de los cielos más limpios y espectaculares del mundo para la visualización nocturna de estrellas -como certifica el exclusivo sello de la Fundación Starlight avalado por la Unesco-; de contar en su territorio con la cumbre más alta de Galicia -el pico de Pena Trevinca a 2.127 metros-; y de disfrutar del segundo conjunto de ecosistemas de turberas y lagunas glaciales de la Península Ibérica, A Veiga escondía otro atractivo de récord. Lo desvelaba ayer La Voz: este concello ourensano multiplica por diez la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en cuanto a áreas de esparcimiento en parques o jardines para los vecinos.

Bien es verdad que la superficie de 101.962 metros cuadrados que suman jardines públicos, áreas recreativas y parques propiamente dichos se dividen entre muy pocos; apenas un millar de habitantes. Y no es menos cierto que en ese territorio impresionante en el que asientan sus hogares, desafiando las incomodidades de la falta de servicios que sí disfrutan los que optaron por las villas más grandes o la ciudad, lo que les sobra a los veigueses son zonas verdes. Eso sí, del verde no domesticado; el de las mil tonalidades que surgen y se mezclan de forma espontánea, sin intervención de diseñador de exteriores que lo encorsete. Pero en cualquier caso, el dato de los parques, sinónimo de calidad de vida, es una medalla más para este pequeño -no en superficie, ya que es el segundo en extensión de Galicia- municipio ourensano. Lástima que ese cúmulo de atractivos no se gestione de forma que frene la sangría demográfica que padece.

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