Cuando las funerarias trabajan más que las maternidades


En tiempos de zozobra como los actuales, con los ciudadanos pendientes del uso que los políticos harán de sus votos del 20D, a uno le gustaría garabatear palabras de esperanza con las que intentar socorrer el corasón partío que adivino en muchos lectores y ayudar así a enfrentarse a los históricos avatares que se divisan en lontananza. Para hacer ese ejercicio de ilusión, el cronista necesitaría una dosis de optimismo similar a la del presidente del PP que fue capaz de presumir de resultados en Ourense («es la segunda provincia de España en apoyos al PP») sin preguntarse por qué perdió un diputado y 28.693 votos desde las generales del 2011. Si tuviese esa capacidad de fantasía baltariana, quizás podría escribir de las bondades del Ourense del futuro. Pero la actualidad me impide ver un halagüeño porvenir. El nacimiento de Mateu y Naia, los primeros ourensanos del 2016, nos trae la certidumbre de que el envejecimiento de la provincia no tiene cura, que los nacimientos bajaron un 10 % en la última década y que las funerarias tienen más trabajo que las maternidades. Los datos estadísticos no hay campaña mediática que los cambie. La media de edad de Ourense está en 50 años y es la más alta de España (otro récord para el Baltarguinnes que tanto le gusta al todavía líder del PP). De los 318.391 vecinos que en Ourense quedan, 96.583 tienen más de 65 años y tan solo 55.283 están por debajo de los 25 abriles. Esta es la realidad que nos descubren Mateu y Naia, los nuevos ourensanos que vivirán en una provincia de éxitos teóricos made in PP pero de preocupantes realidades colectivas.

Gata y pavo. La frase es de Carmen Calleja una ourensana que se salvó, junto con su familia, de un incendio en su casa merced a los maullidos de su gata Brisa: «Gracias a que nos despertó la gata porque si no hubiésemos inhalado el gas y habríamos tenido una muerte dulce». Fue la gata una de las protagonistas de la semana como lo fue el pavo real blanco que durante generaciones se pavoneó por el jardín de O Posío y que en su adiós dejó un debate lamentable respecto a la responsabilidad sobre los animales domésticos que moran en recintos públicos. Ambos episodios sobre la relación de los animales con los humanos me recuerdan, a la recíproca, una frase del autor de Oficiales y Caballeros: «Creo que la amistad entre el hombre y el perro no sería duradera si la carne de perro fuera comestible».

2016. No puedo expresar mejor los anhelos y deseos para el 2016 que reproduciendo parte del artículo publicado en La Voz por Caneiro, el escritor de Verín que esta semana presentó su novela, Y solitario bajo el cielo como siempre estoy (Editorial Trifolium), una joya que no deben perderse los amantes de la literatura. Decía: «Que os afectos triunfen entre as ruínas do corazón. Que a felicidade non resulte inalcanzable. Que aos amigos lles vaia ben, e aos inimigos, e que o rancor sexa menos rancoroso. Que a liberdade sexa para todos. Que escribamos a palabra tolerancia na fronte dos intolerantes. Que os novos teñan mellor futuro. Que as lágrimas sexan só de alegría. E se todo isto non fose suficiente, 2016, non deixes de sorprendernos con caricias, sorpresas, bicos, tenruras». Y punto, que decía Manuel Fraga.

Carta abierta a José Vicente Solarat

Genio y figura lo tuyo, estimado presidente del Consejo Regulador de Valdeorras. Llevas diez meses en el cargo y ya estás con la maleta presta. Solarat en estado puro. Lo tuviste todo para triunfar en la vida política de Valdeorras, Ourense y Galicia y quemaste tus oportunidades. Por saltimbanqui. Con apenas 30 años fuiste director do Patrimonio de la Xunta de Fraga y al año y medio estaba tu cese en el DOG. En la política local fuiste alcalde de A Rúa en tres ocasiones peregrinando, directamente o con apoyos, por todas las siglas que la democracia tuvo. Terminaste liderando tu partido, el RUA, con el que te arrimabas ora al PSOE, ora al PP. Así fue tu vida. Pura inestabilidad. Entiendo tu fracaso en el Consejo porque este lo que necesitaba (¡los vinos se venden solos!) era estabilidad. Pensé que tu experiencia te permitiría gobernar un órgano al que llegaste sin ningún rechazo y del que te vas sin ningún apoyo. ¿Cómo se puede dilapidar tanto en tan poco? Si no te echan el día 15, dices que el 18 dimites. Hay que reconocerte que no te enrocas en el cargo. Y eso en estos tiempos (ahí tienes el vergonzoso espectáculo de tu homólogo del Ribeiro que hizo su campaña para diputado del PP a lomos del Consello), es mucho. Espero que ese gen de liderazgo que atesoras, y que dejas aflorar por etapas, se estabilice y todavía des días de esplendor a Valdeorras.

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