Los comerciantes de A Rúa abrieron ayer, a pesar de ser festivo, con el fin de aprovechar la afluencia de visitantes que el 7 de cada mes congrega el mercado
08 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Festivo en Galicia, pero todos los comercios abiertos. Eso ocurría ayer por la mañana en A Rúa de Valdeorras. Era el día de la feria mensual, y los comerciantes quisieron aprovechar el tirón de público para tratar de captar clientes, por lo que prácticamente todas las tiendas abrieron sus puertas.
«Los días de feria viene mucha gente que no viene el resto de la semana, así que hay que aprovechar», explicaba Kelly desde la tienda de vaqueros. También los vendedores ambulantes vieron compensado su trabajo en festivo. «Como no se trabaja, hay mucha más gente que habitualmente, incluso de otros pueblos de la zona», comentaba José desde su puesto de zapatos mientras animaba a los transeúntes a comprar unas botas «para el frío, ¡mira qué bonitas!».
A la coincidencia en festivo también le ayudó el tiempo, ya que, aunque fue una mañana de bajas temperaturas, no se dejó ver la lluvia, la misma que estropeó la feria de una semana antes, la del 30 de noviembre. Y eso que esa es «a feira do ano». «Hoxe houbo moita máis xente, porque sempre está mellor para pasear desta maneira», comentaba un grupillo de señoras que acababan de abastecerse para el frío con pijamas de franela, sábanas térmicas y calcetines. Reconocían que, aunque suelen ser fieles a la feria ruesa, «se chove non vimos».
Hubo muchos puestos. De ropa, zapatos, complementos, ropa de hogar, plantas... De todo un poco, como en todo buen mercadillo, que en el caso de A Rúa ocupa desde la plaza del Concello hasta la iglesia de Fontei, bajando de nuevo por delante del centro de día.
Y entre todos los puestos, no faltaban las pulpeiras, que ayer vivieron uno de esos días grandes. A las dos de la tarde era necesario hacer cerca de una hora de cola para poder conseguir una ración del cefalópodo, y eso que había tres puestos diferentes en los que abastecerse. «É que se non comes polbo, parece que non viñeches á feira», confesaba Julia mientras esperaba su turno.