El rey blanco


En una ciudad en la que muchas veces no se reconocen las gestas más cercanas, las del día a día, aún queda algún detalle simbólico que trasciende con el paso de los años. Hoy hablamos de ajedrez, de ese deporte que nos ofrece a los ourensanos las hazañas de un gran maestro aventurero como Iván Salgado, que traspasó las fronteras de lo que un día se llamó telón de acero, para instalarse en Sofía y mejorar su juego.

Antes, fue uno de esos niños que se benefició de la idea de un humilde ribeirao de Arnoia, Manuel Villar, que se afincó en el barrio de Barrocás en el lejano 1972. Ya venía el bueno de Manolo de participar de modo activo en la creación del Teleclub de Remuíño y tras impulsar una nueva sociedad recreativa y cultural, también fue protagonista en el nacimiento de la asociación vecinal en la que todavía hoy proliferan los tableros de 64 escaques.

Una vez lo dijo en estas mismas páginas: «El ajedrez es idóneo para aprovechar el tiempo de ocio de nuestros jóvenes». Hoy en día, el torneo que el mismo Villar siempre reconoció como iniciativa de José María Concheiro, el Aninovo de Barrocás, llega a los treinta y tres años de historia. Y será el octavo en el que rinde homenaje a modo de memorial a un hombre que, además de preocuparse por encontrar alternativas saludables para sus vecinos, también removió cielo y tierra para implicarlos en las peticiones que desembocaron en un polideportivo, una guardería o un centro de mayores.

Y es que en el mundo del ajedrez, cualquier ciudadano de a pie -constante y valeroso-, puede convertirse alguna vez en el rey blanco.

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