Manuel Quijano: «Nunca nos cansaremos de tocar 'La Lola'»

María Cobas Vázquez
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Café Quijano llega a Galicia dentro de su gira «Miami Tour 1990».
Café Quijano llega a Galicia dentro de su gira «Miami Tour 1990».

«Miami Tour 1990» trae a Café Quijano a Galicia. Este sábado en Ourense, el domingo en Pontevedra y en febrero en Lugo y A Coruña

09 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

No son Sonny Crockett y Rico Tubbs con un nuevo compañero, pero recuperan la estética de los protagonistas de «Corrupción en Miami» para sus conciertos e incluso se hicieron las fotos promocionales del disco y de la gira con los coches Ferrari que Don Johnson y Philip Michael Thomas conducían en la serie. Son Manuel, Óscar y Raúl Quijano, Café Quijano. El grupo leonés está inmerso en la gira «Miami Tour 1990», que este fin de semana tiene parada doble en Galicia. El sábado actúan en el Auditorio de Ourense y el domingo en el Pazo da Cultura de Pontevedra. En febrero volverán para tocar en el Auditorio de Lugo (viernes 27) y el Palacio de la Ópera en A Coruña (28).

—Para nosotros estar en Galicia es estar en casa o cerca. Siempre nos ha recibido bien el público, ya desde nuestros comienzos. Uno de nuestros primeros conciertos fue en la Festa do Queixo de Arzúa, puede hacer 27 o 28 años. No hay una gira con la que no hayamos pasado por ahí.

—«Miami Tour 1990» es un guiño a «Corrupción en Miami».

—Y un guiño muy grande a parte de nuestra vida, porque nosotros vivimos allí. Yo me fui en el año 90 para Miami y mis hermanos después. En aquel tiempo acababa de terminar de emitirse en el mundo entero la serie. A mí me tocó vivir todos los escenarios que se veían en la película y prácticamente ese ambiente. Ya no es una homenaje a la serie solamente, sino a una etapa de nuestra vida.

—Y hasta se visten al estilo de Crockett y Rico en los conciertos.

—Nos zambullimos en este mundo e intentamos que todo el contexto acompañe.

—Hay cierto guiño a Ourense, porque en la serie llevaban trajes de Adolfo Domínguez.

—Efectivamente. Siempre hay algo gallego en todos los sitios.

—Todavía hay entradas para los conciertos de este fin de semana. Es casi de agradecer en un tiempo en el que hay artistas que venden a un año vista o que los festivales lanzan abonos antes de anunciar el cartel.

—Hoy en día se compran las entradas con muchísimo tiempo de antelación. A mí me cuesta trabajo imaginar dónde puedo estar dentro de seis meses o de ocho o en un año. Y me resulta muy complejo pensar si en un viernes de enero del 2027 voy a estar viendo un concierto. Va acorde al tipo de vida que lleva la gente. Si tu trabajo te marca un calendario, te adecúas y puedes funcionar a años vista. Nuestro trabajo es mucho más inquieto en cuanto a fechas se refiere, pero en otros es más ordenado y la agenda está marcada con mucha antelación y la gente puede programarse.

—¿Qué se va a encontrar el público?

—Primero vamos a hacer un repaso por el disco que da nombre a la gira, que está pensado y concebido para contar historias que tienen que ver con esa época y hacerlo en canciones que están dando mucho de sí en directo. Y además la gente se va a encontrar un repaso por toda nuestra discografía desde 1999 hasta ahora. Al margen de eso también tenemos un apartado específico dedicado a lo que es nuestra esencia, que es el bolero.

—¿Café Quijano es más de bolero o de rock?

—En casa hemos mamado más la música del bolero, todo el folklore latinoamericano, por nuestro padre. Le gustaba y era lo que escuchábamos. Pero no hemos huido nunca de nuestro tiempo y al final somos de los dos, pero quizás nuestra primera matriz en cuanto a música es el bolero.

—¿Qué canción no puede faltar en el repertorio porque el público no lo aceptaría?

—Con la que todo el mundo nos identifica de siempre es «La Lola», que no nos cansaremos nunca de tocarla. El público necesita encontrarse lo que va a buscar, aunque haya muchos artistas que renuncian a tocar sus más grandes éxitos. Pero nosotros no. Sonarán «La Lola», que cumple 27 años; «La taberna del Buda», o canciones más de ahora como «Robarle tiempo al tiempo» o de «Brasil», temas que la gente nos pide.

—¿Quienes con 20 años cantaron «La taberna del Buda» a las seis de la mañana en locales de mala muerte agradecen ahora pasados los 40 escucharla en auditorios?

—Tal cual. Ya por aquel entonces venía a los conciertos mucha gente que ocupaba varias generaciones, literalmente nos pasaba lo que sigue pasando. La de mayores que venían hace 25 años muchos ya no están, pero los que entonces eran padres muchos ahora son abuelos y nos encontramos entre el público a las tres generaciones. También vienen muchos que nos escuchaban en el coche de sus padres y ahora lo hacen con sus hijos. O este curioso crisol de personas que se juntan de muchas edades y muy variopinto todo.