Magic y Larry

Luis Manuel Rodríguez González
Luis M. Rodríguez A BOTE PRONTO

OURENSE

Sigo en mi particular estación de finales —entre primavera y verano—, haciendo horas extras en la tele y reparando en detalles que no dejan de sorprenderme. Mientras unos —millones— se deleitaron con la enésima hazaña madridista, en horario más o menos decente, las madrugadas van directas a la final de la NBA. Golden State Warriors y Boston Celtics. Pasado y presente o presente y futuro, como quiera verse.

Admito que me hizo cierta ilusión que premiaran al campeón del oeste, los de San Francisco, con el trofeo Oscar Robertson, un señor de aspecto bonachón al que acompañan imágenes de un base eléctrico y habilidoso a más no poder, que deslumbró en las décadas de los sesenta y setenta. Al mejor del Este, los bostonianos, le otorgaron el trofeo Bob Cousy, otro mago del baloncesto de los cincuenta y sesenta. Pero la repanocha es que los galardones a los mejores jugadores de esas finales se llamen Magic Johnson en una costa y Larry Bird en la contraria. Stephen Curry y Jayson Tatum inauguraron un palmarés que distingue, pero también rinde culto.

Por eso debemos estar satisfechos de que colectivos tan cercanos a nosotros como Afiador, no se hubieran dormido en los laureles y mantengan vivo el legado de Luis Soria, con la misma pasión que siempre le puso a todo el viejo entrenador. O que la Escudería Ourense avance sin perder las raíces de su rali en el parque de San Lázaro ni al mismo Lalao Reverter que fue el padre de la criatura. Podríamos seguir hablando largo y tendido de pioneros ourensanos a los que agradecerles tanto como a Magic y a Larry. No perdamos la ocasión.