Rameses

Luis Manuel Rodríguez González
Luis M. Rodríguez A BOTE PRONTO

OURENSE

Sigo anclado en la locura de marzo y echándole un ojo a las promesas del baloncesto norteamericano —por no decir mundial—, baste el ejemplo de Paolo Banchero, prospecto de top tres del draft NBA. Nacido en Seattle, las raíces italianas de su padre le bastaron para hacerse con la doble nacionalidad y en el país transalpino planea convocarlo ya para su selección. Si lo de marzo era demencia, lo de abril ya es cuestión de levantar el título esta madrugada —ayer para el lector—, aunque ni Banchero, ni el icónico Coach K, ni los Blue Devils de Duke lo harán, ya que perdieron antes contra su archirrival, North Carolina. Otra historia de película, con Hubert Davis como primer entrenador —y debutante— de raza afroamericana, en el banquillo del prestigioso programa sureño. No me digan que no tardaron. Y eso que tampoco podemos olvidar que otro icono, Dean Smith, se pasó casi cuarenta años en ese cargo.

El caso es que el equipo de Rameses, carnero mascota de la universidad, afronta el reto de consolidarse como el tercero más laureado en la máxima categoría colegial, algo similar al desafío de un COB que jugará mañana —en horario laboral y con seguidores mordiéndose las uñas lejos del Pazo— ante el Cantabria, su máximo oponente en la carrera hacia la primera plaza del grupo y a un camino más llano hacia el retorno a la LEB Oro. En plena batalla dialéctica entre Pedro Fernández, nuevo inversor, y un consejo de administración que no está de acuerdo con sus métodos, el ascenso es frente común de todos a día de hoy. El Lobo no es el americano Rameses, pero aquí nuestra locura también es el baloncesto.