Juan Míguez: «El voluntariado depende del apoyo»

Maite Rodríguez Vázquez
maite rodríguez OURENSE / LA VOZ

OURENSE

MIGUEL VILLAR

Míguez Otero lleva tres décadas colaborando con la protección civil en O Carballiño

17 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Juan Míguez es historia viva de la Agrupación de Voluntarios de Protección Civil de O Carballiño. La vio nacer, en 1982, cuando se juntó con otros jóvenes carballiñeses con inquietudes por ayuda bajo la coordinación de Evaristo Pérez. Este era un policía local al que el alcalde Argimiro Marnotes -padre- había enviado a un curso de la recién creada Dirección General. «Empezamos unos quince voluntarios. Entonces nadie sabía lo que era la protección civil. No había muchas funciones, ni material. El Gobierno Civil nos iba facilitando folletos para informarnos y para informar a la población», recuerda Míguez. Incluso tuvieron que organizar eventos para recaudar fondos.

Su primer dispositivo como agrupación fue en las Fiestas de Septiembre de 1983. Aún no tenían uniformes y se vistieron con unos buzos prestados por la agrupación creada en A Coruña para cubrir el Mundial de Fútbol de 1982. «Eran totalmente naranjas, la gente en la calle nos pedía bombonas», ríe.

El primer material llegó al asumir la Xunta las competencias de Protección Civil. La agrupación carballiñesa solicitó unas subvenciones y recibieron cuatro millones de pesetas para su primer coche y otros dos para el plan de emergencias municipal, especifica Míguez. Por aquel entonces, había pocas agrupaciones en toda Galicia y en Ourense, solo O Carballiño y Verín, añade. Y es que el buen funcionamiento de este tipo de colectivos depende, según Míguez, del respaldo que tengan. «El voluntariado depende del apoyo que recibas. Puede haber agrupaciones que funcionen sin él pero son casos rarísimos», opina.

Hoy en día es todo diferente. El mapa de las emergencias está mucho mejor cubierto y con grupos profesionales, como los parques de bomberos comarcales, además del existente en la ciudad, y los GES. La formación ha ido mejorando, indica Míguez, desde la creación de la Academia Galega de Seguridade. «El primer curso de primeros auxilios nos lo dio la Cruz Roja. Y Cesáreo Rey, jefe de los bomberos de Santiago, vino a darnos otro. Le invitamos a comer y vino. Era todo así, de favor», menciona.

Después de la compra de aquel primer Nissan Patrol, la agrupación tuvo acceso a un segundo vehículo, un camión autobomba Pegaso Cometa, que fue «el primer vehículo contra incendios que hubo en la comarca, quitando los del Icona». Las condiciones eran precarias. Explica Míguez que cuando recibían un aviso de incendio, el conductor que estuviera a cargo del camión tenía que pasar recogiendo a cada voluntario en su casa.

Eran tiempos sin teléfonos móviles y los jóvenes apenas tenían coche particular para desplazarse. Un tiempo después, Adolfo Otero, coordinador de la agrupación, consiguió unos walkie-talkie y pudieron recibir los avisos por radio. Así funcionaba la protección civil entonces y hoy, con más medios, el espíritu es similar. «Le dedicaba todo mi tiempo libre. Incluso a veces me iba sin comer, aunque no debería haberlo hecho porque soy diabético. Todavía se desconoce mucho la protección civil. Aún piensan que cobramos, hay gente que no le entra en la cabeza que puedas trabajar gratis», considera Míguez.

Vivió algunas situaciones de riesgo. «Nunca piensas que te va a pasar nada, pero una vez nos rodeó el fuego en un incendio. Nos metimos debajo del camión y con las mangueras echamos agua para bajar la intensidad. Con eso bajó el frente de llamas y nos salvamos», relata. Hoy los incendios también han cambiado. Hace años, los propios vecinos de los pueblos salían a apagar con lo que tuviesen o a retirar árboles caídos tras un temporal. «Ahora no hay nadie, sabes que hay alguien que lo hace», observa.

Después de Adolfo Otero, Juan Míguez asumió la coordinación de la agrupación carballiñesa. Hoy en día, desde la creación del parque comarcal de bomberos, tienen muchas menos emergencias. En cambio, hacen otras funciones preventivas. Con los confinamientos por el covid, la labor de los voluntarios fue clave para llevar comida, medicinas, traslados de personas o desinfecciones. Hicieron 500 horas de servicio en tres meses, expone Míguez.

«Financiamos un autobús antinuclear contra la fosa atlántica»

En su juventud Míguez fue activista del Grupo Ecoloxista Outeiro, que fundó con Paco Valeiras. «Nos gusta la naturaleza. Tuvimos un centro de recuperación de fauna, colaboramos con Adega y con grupos contrarios a los vertidos radioactivos en la fosa atlántica. Financiamos el envío de un autobús antinuclear a una manifestación a Londres. Fue Félix Ángel Gómez Morales. Casi no se habló de ese autobús,», explica de aquella lucha. Participó en campañas contra la tala de árboles en Navidad o la caza de aves rapaces. «Íbamos a incautar las que veíamos disecadas con unos papeles que nos dio el jefe provincial del Icona. Había gente que nos amenazaba», detalla.

Es funcionario de la Xunta y trabaja como vigilante nocturno en el centro de menores de A Carballeira. «A los funcionarios no nos mata el trabajo», admite. Estudiando por las noches, tras sus tareas, se sacó la licenciatura de Derecho. Está cursando el máster de abogacía. Reside en el barrio de A Ponte y su tiempo libre lo pasa en O Carballiño. El primer confinamiento por el covid le cogió ingresado en el hospital, tras un fallido trasplante de riñón. Como persona de riesgo, desde el 30 de marzo del año pasado solo salía de casa para ir a hemodiálisis. El coronavirus le tocó de cerca en la familia, ya ha recibido la primera dosis de la vacuna.