Patetismo termal


En España hay 52 capitales de provincia y muchas de ellas se parecen a Ourense. Son ciudades no demasiado grandes, con una estructura demográfica similar y, cada una, con sus particulares atractivos turísticos. Pero ninguna dispone de la riqueza termal que tiene Ourense. Está claro que tenemos algo especial y presumimos cada vez que tenemos oportunidad. Se nos llena la boca diciendo que esta es la segunda ciudad de Europa con mayor caudal de agua termal. Pero, ¿estamos explotando ese potencial de forma adecuada?

El único negocio directamente vinculado a este ámbito son las termas de pago de Outariz porque las de A Chavasqueira se quemaron hace dos años y allí siguen sus ruinas sin que se prevea la reconstrucción del establecimiento de propiedad municipal a corto plazo. Además, la semana que viene termina el plazo de doce meses que la Xunta dio al Ayuntamiento para adaptar las pozas públicas a la nueva ley de aprovechamiento lúdico de los recursos termales sin que se haya hecho nada o casi nada al respecto. Cuando se reactive el turismo, las termas -el principal atractivo de la ciudad- seguirán cerradas. Y hay que recordar que esa disposición legal empezó a tramitarse en el año 2018, se debatió en el Parlamento y se aprobó en el 2019 y se publicó en los boletines oficiales en el 2020. Hacerse ahora los sorprendidos chirría un poco.

Vale que no seamos capaces de tener un gran hotel balneario en la segunda ciudad termal más importante de Europa, pero que no podamos ni siquiera tener unas termas abiertas es patético.

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