«El arbitraje está cambiando, hay más educación y nos tratan mejor»

Anselmo y Uxía Boimorto, padre e hija, comparten una vocación que les llevó a vivir el fútbol silbato en mano


ourense

La historia de Anselmo Boimorto Falcón (Vilamarín, 1957) y Uxía Boimorto Blanco (Vilamarín, 1999) es la de una llamada interior. Ellos mismos lo admiten: «Para ser árbitro, hay que tener vocación».

El padre acumula ya cuatro décadas ligado de algún modo al comité técnico ourensano de árbitros de fútbol. La hija siguió sus pasos. Y ambos lo enfocan de un modo tan natural que parecían estar predestinados. Anselmo lo recuerda así: «Tenía un primo que estaba comenzando como árbitro, Gerardo. Un día me dijo que lo acompañara a Amoeiro, donde le tocaba pitar un partido. Lo vi que se ponía muy nervioso y, cuando le dije que se tranquilizara, me contestó que no sabía lo que era aquello. A la semana siguiente lo acompañé al colegio y me apunté para empezar».

En el caso de Uxía, todo vino rodado: «Ni me acuerdo a qué edad comencé a ver como arbitraba mi padre, pero era muy pequeña. El fútbol me gustó de inmediato y verlo a él como dirigía los partidos. Me colegié a los catorce años y, aunque siempre me lo tomé en serio, al principio lo hacía para divertirme, pero ahora ya es algo más». Según su progenitor, se veía venir. Y pone el ejemplo de su hermana, que también pasó por el mundillo del arbitraje, pero no terminó de encontrar esa motivación que sí está implantada en otros miembros de su familia.

La propia colegiada explica que, en la actualidad -con categoría de Segunda Galicia-, está disfrutando más sus pasos por los campos de fútbol: «Hay más respeto y ya se ve con mayor normalidad que una chica pueda arbitrar en cualquier campo». En una línea similar se manifiesta su progenitor, que sigue al pie del cañón en la categoría de Veteranos y también hace funciones de ojeador para el comité técnico: «El arbitraje está cambiando, hay más educación y nos tratan mejor, los deportistas saben que somos parte importante del juego. Siempre nos cuidamos muchos, incluso en mi época teníamos un entrenador en Pabellón, pero los colegiados de ahora están cada vez más preparados».

Con todo, si le preguntamos a Uxía el modelo que le transmitió su padre para preservar sobre un terreno de juego, no lo duda: «Su carácter en el campo, en eso siempre intenté parecerme a él y creo que se me ha pegado un poco». La hija incluso sigue acompañando al padre, si le resulta compatible, cuando le toca arbitrar algún partido, lo que se repite en sentido contrario, como admite el más experimentado: «La verdad es que los veo casi todos. Lo llevo bastante bien. Incluso recuerdo una vez que un espectador le lanzó insultos bastante desagradables en un partido de fútbol base, en el Pabellón, pero no le hice caso y fue recriminado antes por madres de los futbolistas, hasta que se marchó».

Pero Anselmo también tiene otros recuerdos más agradables y cierta nostalgia, al aludir los tiempos en que los árbitros de regional viajaban con los de categorías superiores: «Quizás sea más lógico lo de ahora, con asistentes especializados, pero disfruté realmente con Gómez Barril en Riazor, con Bernardino y con Presas, entre otros».

También ha dado rienda suelta a su lado más emprendedor, con una explotación extensiva de vacuno: «Deberíamos darle más valor al medio rural y que los jóvenes también tuvieran esa opción. Hay cosas que mejorar, pero se puede vivir de la ganadería».

«Me alegro cada vez que una chica da el paso de unirse a nuestro colegio»

Para Uxía Boimorto el papel de las mujeres en el comité ourensano es una de las mejores noticias desde que ingresó: «Me alegro cada vez que una chica da el paso de unirse a nuestro colegio, cada años somos más». También le da gran valor a trayectorias como las de la internacional Zulema González: «Es un referente, por todo lo que ha conseguido en el arbitraje y por lo mucho que ha trabajado para llegar a ese nivel».

Y es que Zulema, como Bernardino González y otros árbitros conocidos en Ourense tienen raíces en Vilamarín como recuerda un orgulloso Anselmo Boimorto que también cree que el sector masculino del comité provincial tiene un gran futuro por delante: «Nos falta uno en Primera o Segunda, pero eso hay que reconocer que es difícil. De todos modos, en Segunda B o Tercera tenemos árbitros jóvenes de muchísima calidad». Y lo dice un hombre que se considera fiel al colegio ourensano: «Siempre colaboré lo mejor que pude con todos los delegados, desde Odilo Masid, que fue el primero, hasta Claudio Cerdeira, que debutó como asistente mío».

Quiénes son

El padre. Anselmo Boimorto es funcionario, pero además de su pasión por el arbitraje, también fue profesor de la Escuela Agraria y llevó la teoría a la práctica con su explotación vacuna en Vilamarín.

La hija. Uxía Boimorto no lo dudó. Se aficionó al fútbol viendo pitar a su padre y se colegió a los 14 años. Superada la veintena, compagina el arbitraje con sus estudios en la rama administrativa.

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