Las luces

María Doallo Freire
María Doallo NO SÉ NADA

OURENSE

XIMÉNEZ ILUMINACIÓN

10 dic 2020 . Actualizado a las 11:50 h.

Está claro que hay muchísimas formas de iluminar. Mi favorita puede que sea rodearme de personas que son luz. Sí, más allá de un cursi simbolismo de moda en las descripciones de Instagram, este tipo de personas existe. Y se caracteriza por algo tan implícito como que aportan luz a los momentos más oscuros. A veces no hace falta que se trate de momentos especialmente horribles para que se note que están actuando. Son las que aspiran nuestro estrés en el final de un día cargado, las que consiguen que la risa gane volumen y que las preocupaciones se silencien. Son las que dicen la palabra exacta, o al menos lo intentan; las que nos ponen a brillar y a bailar. Las que despiertan ganas e ilusiones. Esas personas, en muchos sentidos, son como la Navidad. Y precisamente una de los símbolos más típicos para reconocer esta época del año son las luces. Destellos de colores que despiertan cuando anochece, inundando los espacios de alegría y de esperanza con sabor a recuerdos de vivencias pasadas. Porque, no nos engañemos, si hay algo que provoca auténtica felicidad -o tristeza- de la Navidad es que nos hace revivir otras. Nos obliga a echar la vista atrás y provoca que viajemos a reencuentros, brindis, sobremesas o promesas anteriores. Son los recuerdos los que las hacen tan especiales. Esa añoranza nos empuja a repetir los buenos momentos y cuando alguien de esa postal falta, se nos aprieta el corazón. Las luces son muy importantes, como cualquier detalle en la vida. Empapan y unen, también en la Navidad covid. De ahí la relevancia de tenerlas. Sin necesidad de un presupuesto desorbitado en el peor año de la historia. Solo unas cuantas, tintineando, como las personas que son luz. Y cuanto antes.