El primer día con las nuevas restricciones me di cuenta de lo difícil que iba a ser cumplirlas

OURENSE
09 oct 2020 . Actualizado a las 09:19 h.

Como primer día de confinamiento he de decir que los que más me preocupan son todos esos que no tienen pensado llevarlo a cabo. Porque, lo digamos o no, sobre ellos recae gran parte de la responsabilidad de lo que hoy nos pasa. He dicho. Porque si a estas alturas no se han dado cuenta del panorama que nos rodea y de cómo influye sobre él su manera de actuar, me da la sensación de que será difícil que la cosa mejore. Y sí, la cosa tiene que mejorar. Y además en muchísimos ámbitos, pero sobre todo y el más importante, en el de los contagios. Sin entrar a valorar especificidades de lo que el covid puede hacerle al cuerpini sanote de un joven de 30 años, sabemos de sobra el sufrimiento que genera y el peligro que supone para nuestros mayores y para las personas que en su día a día ya luchan contra cualquier otra enfermedad. 189 nuevos casos en residencias de ancianos en un solo día, pero cuando bajo a fumar escucho a un buen señor despedirse con «Veña, tomamos unha caña estes días». Toma ya. Y eso que lo estoy deseando.

No se queda ahí. Al salir de trabajar me fui al cine sola. Lo hago muy a menudo y lo haría a diario si disfrutase del metabolismo de esas personas que comen de todo y no engordan -vaya broma de vida, la verdad, el sueño de cualquiera-. Como no es así, la mayoría de los días los termino en el gimnasio, pero eso ya lo hablaremos cuando toque. El caso es que estaba en el cine sola y llegó una chica y seguidamente otra, a una distancia prudencial de unos segundos, y se sentaron en sus butacas, casualmente separadas por los dos asientos vacíos obligatorios entre cada espectador. No me hicieron falta las risas que compartieron durante la película -la impresionante Falling de Viggo Mortensen también da para reír- ni los comentarios que intercambiaron al salir para saber que eran amigas. Otra trampa. «Coincidieron» en la sala. Mentiría si dijese que no pensé que era una buena idea. Lo sería, de verdad, si esto fuese una especie de concurso rollo Los Juegos del Hambre y los humanos solo estuviésemos poniendo a prueba nuestro ingenio y capacidad para relacionarnos por encima de todas las cosas. Pero el caso es que no, que aquí estamos jugando, en principio en el mismo equipo, por la supervivencia de cuántas más personas mejor. Así que lo que extraigo de este primer día es: hay que aprender a querer a distancia. Y ponerlo en práctica.