Democracia Ourensana es ahora el mismísimo Titanic de la política ourensana. El partido que levantó Gonzalo Jácome de la nada se desmorona como un castillo de naipes. Y como suele suceder casi siempre, los golpes más duros llegan de fuego amigo. No resulta complicado imaginar a dos apasionados de la música como Gonzalo Jácome y Armando Ojea recurrir a sus instrumentos favoritos este fin de semana para buscar respuestas a una crisis que explotó en pleno agosto, pero que venía cocinándose desde mucho tiempo atrás. Varios de sus propios concejales dicen que Jácome es un alcalde «dictatorial» y que les ha «ninguneado» tomando decisiones sobre sus competencias de las que se enteraban por las redes sociales de Jácome. Y que, además, gestiona las cuentas del partido de manera opaca. Por eso lo han llevado a la Fiscalía y le piden que dimita. Pocos alcaldes resistirían una sublevación de este tamaño, que además llega con otra carga de profundidad. Los críticos se abrazan al PP y dicen que con sus socios de gobierno, hay una excelente «sintonía». Después de esta revuelta interna, que ya vivió por cierto no hace mucho en la ciudad otro alcalde -el socialista Agustín Fernández- Jácome sabe -porque ha demostrado tener un gran olfato para ello cuando le sucedía a otros regidores- que su tiempo de descuento en el sillón de la alcaldía ha comenzado. Por mucho que quiera darle la vuelta a la tortilla o quiera hacer ver qué no pasa nada, es consciente de la gravedad y del impacto que tendrá en sus votantes que cinco de sus concejales le hayan denunciado en el juzgado porque dudan de su gestión económica. No le será fácil gobernar la ciudad con el apoyo inquebrantable de tan solo tres de 27 concejales.
Por mucho que la orquesta de Democracia Ourensana siga tocando, sus melodías no serán heroicas como la del Titanic, sino más bien puro ejercicio de egoísmo para mantener la poltrona. Esta crisis galopante tampoco deja en buen lugar a los ediles que han liderado la revuelta judicial y política contra Jácome. Varios de ellos ya estaban con él en el anterior mandato, cuando Jácome era el líder de la oposición. Acaso su gestión del partido no era la misma. Acaso no los usaba como guiñoles a su antojo para acabar tomando sus propias decisiones con injerencias constantes. Acaso entonces daba explicaciones de a qué dedicaba el dinero que recibía DO de las instituciones. La música suena de fondo en el Titanic en que se ha convertido el partido del alcalde, al que han puesto contra las cuerdas los suyos con una estrategia subterránea que hubiera firmado el mismísimo Jácome. Lo peor, es que me temo que el juego sucio no ha hecho nada más que comenzar.