Enrique Fernández: «No quise ni hábitos ni uniformes»

Recién jubilado tras 44 años en la policía, Enrique Fernández recuerda sus etapas en Madrid y Ourense


OURENSE / LA VOZ

La jubilación, después de 44 años de servicio en la Policía Nacional, le llegó a Enrique Fernández Fernández (Leborín, Celanova, 1955) en pleno confinamiento, el pasado mes de mayo, así que las despedidas de sus compañeros de la comisaría de As Lagoas fueron telefónicas y las celebraciones hubieron de quedar pospuestas.

La mayor parte de su actividad profesional la desarrolló en Madrid (de 1976 a 1999), quince años integrado en la policía judicial y cinco en seguridad ciudadana, aunque su primer destino fue Navarra. Cuenta nuestro protagonista que decidió ingresar en el Cuerpo Superior de Policía después de acabar el Bachillerato -estudió ingresado con los mercedarios en Verín, Pontevedra y Sarria- porque tenía amigos y familiares que ya se dedicaban a lo mismo. Le atraía, pero a la vez tenía una fobia: los uniformes. Por eso se decidió a ingresar en un cuerpo civil, no uniformado, lo que entonces llamaban policía secreta, de la que le hablaba un primo que trabajaba ya en ella. «No me gustan los uniformes. Si no quise hábitos, tampoco uniformes», reitera hoy en día Enrique Fernández.

Así que opositó, estudiando y trabajando a la vez en Madrid, a ese cuerpo civil que vestía de paisano. Aprobó en 1976 y ya antes de acabar el curso tuvo que hacer unas prácticas reales buscando a los secuestradores del Comando Madrid que habían tomado como rehenes a dos generales. En Navarra, su primer destino, todavía no estaba la situación con el terrorismo tan complicada como en Guipúzcoa, pero «empezaba a haber problemas». En todo caso, fue una etapa corta, de menos de un año, pues tuvo que marcharse al servicio militar.

En 1986 se produjo la unificación de los dos cuerpos policiales, el de la «secreta» en el que trabajaba Enrique Fernández, y la Policía Nacional, dando origen al actual Cuerpo Nacional de Policía. Ese momento le produjo a Enrique un dilema porque seguía rechazando internamente llevar uniforme. Consiguió evitarlo, dice, hasta 1992, cuando tuvo que acudir a un acto oficial en Barcelona. «Lo tenía sin estrenar», revela.

En su etapa en Madrid, estuvo en el área de seguridad ciudadana, de cuya brigada sería después jefe en la comisaría en Ourense. Primero, como escolta de ministros. «Hubo riesgo en la época del terrorismo y, puntualmente, era difícil si ibas con la personalidad a alguna manifestación, aunque la gente solía ser respetuosa», recuerda. Estuvo asignado como escolta en el Ministerio de Transportes hasta 1984. Luego pasó a la jefatura, en la comisaría de Las Ventas. «Era una zona de todo tipo, había desde chabolismo hasta partes buenas del barrio de Salamanca. Las drogas eran ya un problema importante, con los robos en los coches, de los «loros», era delincuencia asociada fundamentalmente al consumo de drogas. Y eso ha cambiado muy poco, por desgracia, en el delincuente español, que sigue asociado a un tema de drogas», explica Fernández. En su trabajo se tuvo que enfrentar alguna vez a situaciones de peligro, pero opina que los violentos son aquellos delincuentes que se dedican al gran narcotráfico, «porque tienen mucho que perder» o los atracadores, pero no el «chorizo» habitual, que lo que buscaba sobre todo era huir. «El arma en la mano, siempre; tiros, pocos», resume sobre esta faceta de su actividad. En esa época tuvo que enfrentarse a redadas en poblados de Madrid, donde recibían a la policía con escopetas o recortadas. Cuando la policía hace una redada entre delincuentes potencialmente peligrosos y armados se montan dispositivos de «gran aparatosidad» y con todos los cuidados. «En este mundo, son pocos los que quieren morir», reflexiona.

Enrique Fernández vivió desde dentro la evolución de la Policía Nacional, desde la Transición hasta la democracia. «Ahora la policía es muy integral; es el cuerpo más leal que ha tenido el Estado», opina. También participó en los inicios del movimiento asociativo, previo al sindical, en el cuerpo. «Siempre hemos tenido gente que miraba por los trabajadores, pero había jefes a los que no les importaban sus derechos. La voluntad de trabajo que hay en el cuerpo suple los problemas de organización», considera sobre el ámbito laboral.

Veranos con baños en el río y música en la Alameda de Celanova

Enrique Fernández asocia Celanova, el lugar que elige para su rincón, con los veranos de su infancia y juventud. Criado en la aldea de Leborín, estaba interno en un colegio, por eso para él las vacaciones estaban asociadas a las fiestas del San Roque de la villa, con los conciertos que había en la Alameda, donde vio a artistas como Mike Kennedy (ex Bravos) o Tony Luz (Pekenikes). Eran conciertos de pago, pero él y sus amigos se colaban a través del convento, recuerda. Las diversiones eran escasas, comenta, y pasaban tardes bañándose en el río Arnoia, que entonces aún estaba limpio. En los canales de Puente Fechas se hacían una piscina fluvial y un día enterró la cabeza, por suerte, en el lodo, al tirarse. A la aldea ha vuelto con la jubilación. Ahora reside en A Manchica, donde dedica su tiempo a la familia y a la huerta.

Durante su etapa en Ourense -cinco años como jefe de la Brigada de Seguridad Ciudadana, ascendió a inspector jefe en 2006, y después en la sección de informática y técnica- residió en la ciudad. Echando la vista atrás en su actividad profesional, concluye: «He sido feliz, volvería a ingresar en el cuerpo. Tuve momentos buenos, otros no tanto, pero no un trauma que me marcase o un conflicto grave».

Su rincón.

Quién es. Enrique Fernández fue inspector de la Policía Nacional. Se retiró en mayo, siendo inspector jefe en la comisaría de Ourense.

Su rincón. Elige la plaza Mayor de Celanova, donde pasaba las vacaciones de verano. Tiene una foto similar de cuando tenía diez años, él ante el pilón, entonces en el centro.

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