«Hacer el primo»

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE

19 jul 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Igual que los veranos no se entienden sin calor, sin terrazas, sin piscina, sin playa, sin olor a crema solar no deberían entenderse sin primos. En la infancia los primos eran los amigos del verano y de los fines de semana, los compañeros de aventuras en el pueblo, la mejor compañía para las fiestas patronales. Si el covid me hubiera tocado de niña... madre mía... en nuestras mesas se compartían los vasos y hasta los tenedores, las botellas de Kas y hasta los helados, que conseguíamos después de chantajear a un adulto para que fuera a comprarlos al pueblo de al lado, porque en el nuestro no había ni donde comprarlos. Tampoco nos hacía falta porque en esos días de bochorno teníamos el agua de la fuente. Si no había piscina ya nos apañábamos nosotros para refrescarnos. Si la había, el día era redondo. Teníamos un club secreto al que había que entrar con contraseña. Y siempre queríamos quedarnos un rato más.

Ahora cada vez hay más niños sin pueblo. Y sin primos. O con los primos lejos. No es casual en una provincia como la nuestra. Son raras ya las pandillas gigantescas de primos. Así que hay que ir apañando con los primos segundos o con los hijos de los primos segundos. Sea como sea, no debería haber un verano que no terminase con primos recogiendo moras. Deberían ser patrimonio inmaterial de la humanidad, antes de que se extingan.