Gonzalo Pérez Jácome lo ha vuelto a conseguir. El alcalde de Ourense ha logrado que llevemos varios días hablando de otra de sus novedosas ideas, en este caso la creación de los «guardianes del tiempo». Sus asesores vigilarán si los funcionarios cumplen los plazos o no. Pretende, de este modo, evitar las demoras excesivas que, en muchos casos, sufre la tramitación de los expedientes. Ha pasado ya casi un año desde que fue nombrado alcalde y, aunque varios meses han sido casi inhábiles por la crisis del coronavirus, Jácome ya tiene parte de culpa en todo lo que ocurra en el Concello de Ourense. Si algo funciona mal, puede que ya fallase antes de que él tomase el bastón de mando, pero si sigue funcionando mal ahora, es que no se han adoptado las medidas necesarias para corregirlo. Por eso, la meta de agilizar la gestión municipal es loable. Otro análisis es ya si los medios para alcanzarla que ha anunciado son los adecuados o no. El tiempo lo dirá.
Pero no todo en un Ayuntamiento depende de que un funcionario mueva un papel de aquí para allá antes o después. También es fundamental el impulso político. Por ejemplo, hace meses que el trabajo técnico para la aprobación definitiva del PXOM está listo. Sin embargo, falta que Democracia Ourensana y el Partido Popular lleguen a un acuerdo. Si tener un plan urbanístico actualizado ya era antes esencial para facilitar inversiones en la ciudad, más lo es ahora en el contexto de crisis que nos ha traído el coronavirus. Eso ya no depende de los funcionarios, sino de los políticos. Quizás todos debamos ponernos las pilas.