Mucho que hacer

Ruth Nóvoa de Manuel
Ruth Nóvoa DE REOJO

OURENSE

Por más que miro el calendario, las fases y las actividades permitidas no encuentro lo que me urge ahora, a mí, que soy afortunada y que no siento la presión de tener una cafetería, una peluquería o una tienda de ropa, con todo lo que eso supone. Lo único, en clave personal, para lo que cuento los días es para poder abrazar. Y en un día como hoy, lo confieso, para poder abrazar a mi madre. Para no tener que seguir enganchadas solo por teléfono, por las bolsas de la compra depositadas en el felpudo, calculado los dos metros. Cuento los días para darle unos besos de esos que suenan. Para que estemos todos alrededor de la mesa mientras se queja de que la comida le salió mal (siempre es mentira). Cuento los días para que tenga a sus nietas por casa, preguntándole si hacen galletas y, de paso, si pueden quedarse a dormir. Tengo ya ganas de hablar para decidir qué día del fin de semana vamos a Maceda y que me explique, aunque yo no entienda nada, qué quiere plantar.

El covid-19 nos ha quitado unas cuantas cosas pero tenemos suerte: ninguna es irrecuperable. Un viaje en el que llevábamos pensando meses; el par de centímetros que juraría que han crecido las niñas en este tiempo; comer hoy juntas para celebrar el Día de la Madre; el paseo hasta Fátima de cada mes de mayo para dejar las flores (antes una por hijo, ahora además una por nieto); probablemente la comunión de las niñas, que quizás le haga más ilusión a ella y a mi padre que a mí; ver Boom y comentar cuánto saben los concursantes; las broncas en persona, los consejos susurrados, las confidencias en vivo y las alegrías en directo; encontrarnos de casualidad en la peluquería; ir de compras y que esté más preocupada de que yo elija algo que de buscar lo que quería para ella. Pueden parecer pequeñas cosas. Pero son nuestras cosas. Por eso hoy pensaré en los hijos que han perdido a sus madres por (o durante) esta pandemia y que ya no pueden rehacer sus planes. Por eso hoy, más que felicitarle el día, le diré con tono amenazante: cuídate, tenemos mucho que hacer.