Una enfermera y un papel

José D. Vázquez TRIBUNA ABIERTA

OURENSE

PABLO ARAUJO

Difícil la tarea de decir qué somos, hoy, que ha cambiado el valor de todo para siempre. Como enfermera, sólo puedo contar lo que soy siendo para el otro. La ciencia y el arte del cuidado tatúa nuestro ser para dedicarnos enteramente al que nos rodea. Una sobredosis de empatía, que nos ha dejado, a ti en mi lugar y a mí, en el tuyo.

Somos lo que nuestros compañeros de turno advierten que nos está pasando, eses mensajes de realidad, de complicidad, de consejo. Unos somos para los otros nuestro propio antiácido, su analgésico, nuestro corticoide para piel atópica.

Nuestros otros compañeros -«Buenos días, ¿qué tal?»- de los que recordamos su nombre y de los que no, también somos.

Ese paciente que te reconoce, años después, y que te inunda con su sonrisa: te vas para casa intentando recordar y, finalmente, caes en la cuenta de que tu paciente fue su padre. Ese otro que te marcó para siempre. El que nunca te pudo ver, pero te sigue escuchando. Al que le recuerdas a alguien que quiere.

Desde el principio hasta el final de la vida, con todos sus descansos, somos por ellos, por nosotros, enfermeras.

Para nuestras familias somos hijos, padres, parejas, nietos... pero cuando te levantas de la mesa ese día marcado, a las 14.10 horas exactas, con el postre a dos carrillos, y todos se quedan callados... se encogen un poquito para hacerte más grande a ti.

La admiración de esos niños que quieren ser su mamá enfermera, cuando su mamá ya lo es todo. Queremos ser nuestros padres y madres profesionales, ojalá lo consigamos.

Somos nuestros alumnos y nuestros profesores.

Cuando te ves en los ojos de tus amigos, el reflejo de la mirada apoyada en la palma de la mano: ¡qué suerte tienes al ser tan feliz haciendo lo que haces!

Somos en cada uno de los aplausos, la emoción que tú sientes, las lágrimas que se tornaron ácidas, atormentadas, la ira y, sin que lo sepa mi madre, también tu miedo es el mío.

El sistema en general, y los gestores en particular, no se han portado bien con nosotros en los últimos tiempos. Es difícil negociar con quien cuantifica las cosas por tiempo y dinero. Nuestra vocación ha sido vuestro «no hay más que hablar».

Tenéis la obligación de defendernos, sea cual sea el precio, porque somos vuestro otro, y en la pegatina de tela que os identifica pone Responsable: séanlo, es muy buen momento.

En nuestro rostro quedarán cicatrices: me duelen las de todos mis compañeros, se me empañan los ojos con sus gafas.

«Te enseñaré cómo vivir mejor, verte caminar, verte recuperado», Allí estaré, himno de la Enfermería. Cuídate, eso es lo que nosotros somos.

José David Vázquez Bóveda es enfermera del CHUO y miembro de la Junta de Gobierno del Colegio Profesional de Enfermería de Ourense