Cuando me siento ante el teclado, ya son incontables las páginas que se han escrito durante las últimas horas sobre la vida, éxitos y desgraciada muerte de Kobe Bryant. Aún así, quienes nos movemos en torno al mundo del deporte, no podemos obviar una de las noticias del año.
Y aún más en Ourense, una ciudad de baloncesto, por mucho que algunos no lo quisieron comprender en su día. Son varios los que han cruzado el charco para degustar el sueño de la NBA y otros muchos los que desafían al sueño en esas madrugadas de triples y mates, en las que la Mamba Negra reinó durante prácticamente dos décadas, coleccionando anillos y alimentando el mito de los Lakers, incluida aquella última etapa con su «hermano» Pau Gasol.
Es lo que tiene la globalización. En nuestra ciudad también recordamos a deportistas insignes y figuras que dejaron su sello. Así, a bote pronto -y personal-, hablamos de reconocimientos institucionales al pionero Lalao Reverter o a Fernando Bouso, el guía de aquel Ourense de las treinta victorias en otros tantos partidos. Y tampoco olvidan en Allariz a Luis Cid «Carriega», aún el técnico gallego con más victorias en nuestra élite balompédica.
El orbe es ahora más pequeño. Kobe entró en casa cuando aún rendíamos pleitesía a Jordan y se despidió con una carta que convirtió en el mejor cortometraje de animación de 2017, galardonada con un Óscar. Cuatro minutos de dibujos, con banda sonora de John Williams: Querido baloncesto. Como escribió Lebron en sus propias zapatillas, Mamba 4 Life.