Equilibrios


Ourense

No soy partidaria de las listas de propósitos. Invertir tiempo en pensar en qué quiero modificar de mí y de mi vida de cara a un año nuevo me parece absurdo. No por ello creo, ni mucho menos, en el carpe diem. Pienso que es igual de ilógico eso de vivir jugándoselo todo al momento presente. A mí me va más el equilibrio o intentar encontrarlo -aunque parezca mentira-. Y para poder llevarlo a cabo se me hace fundamental saber valorar y ser consciente, algo que se consigue muy bien gracias a esa otra gran costumbre de estas fechas: el balance del año que acaba. Siento que es una actividad tan sana como nostálgica pero que merece la pena. En mi caso este año ha estado cargado de cambios, preciosos. Desde conocer por fin la carita de mi primer sobrino hasta sobrevivir a dos mudanzas. Es inevitable que La Voz condense un espacio enorme de mi 2019 -fíjate que no me cansaré de gritarlo-. Cada nueva aventura periodística, cada reportaje social, inauguración, entrevista, información provincial y, por supuesto, cultural ha sido una muesca de felicidad. Pero, ahora que faltan pocos días para conocer a los nominados de los Oscar, tengo que admitir que una de las grandes experiencias de este año fue zambullirme en el OUFF. Paco Plaza, Luis Tosar, Juan Echanove, Cristina Castaño, Xabier Bermúdez, Lola Dueñas, Celia Rico o Santiago Requejo. Conocer lo que hay detrás de las películas y meterme en el corazón de un festival que apuesta de forma comprometida y contundente por el séptimo arte. Otro equilibrio perfecto entre arte y mucho trabajo que espero pueda ver de cerca muchos años más. Y con esto por fin sí, se terminó la Navidad y el 2019. Bienvenido sea el 20.

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