El antifranquista coherente


Camilo Dios siguió durante sus más de ocho décadas de existencia una trayectoria vital absolutamente coherente. En una época en el que los vencidos de la guerra huían o se exiliaban, incluidos la mayoría de los mandamases de la Segunda República, un puñado de hombres y mujeres comprometidos siguieron batallando por lo que consideraban justo. El enemigo no era otro que una concepción totalitaria del poder que, lejos de promover el perdón y la reconciliación entre los españoles, mantuvo abiertas en carne viva las heridas de los perdedores, mientras restañaba la de los triunfadores.

Nunca se arrepintió de haber saboteado instalaciones de la estructura estatal franquista o de dar golpes de mano armados en diferentes puntos de la provincia. Fue un hombre de izquierdas hasta su último aliento. Su supervivencia durante los 40 y los 50 fue una cuestión de mero azar.

Condenado a la pena capital, sentencia nunca concretada, pasó muchos años en prisión antes de poder volver a su vida en su tierra limiana. Conversar con él era escuchar los viejos recuerdos de un anciano vital y lúcido. Perdió a parte de su familia, y algunos de sus mejores años en una pelea sin cuartel por las ideas en las que creía.

Dios era un referente moral para una buena parte de la ciudadanía antelana, sobre todo en su aldea, Sandiás. Hoy será enterrado a las 16.30 en la parroquia de su pueblo.  

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