Hojas de otoño y flores de primavera para acompañar a los muertos

Lluvia y viento fueron protagonistas en la peregrinación a las instalaciones del cementerio de San Francisco, en Ourense


ourense / la voz

Este viernes, a las afueras del cementerio de San Francisco, brotaba la vida. Varios críos jugaban al escondite a la entrada del camposanto y su griterío alborotaba por momentos el silencio del interior, donde otoño y primavera se daban la mano por más que los árboles se empeñasen por momentos en teñir de amarillo las lápidas.

El viento azotaba los árboles y la lluvia los caminos de tierra, embarrados y hasta peligrosos por momentos. Flores frescas reposaban junto a la mayoría de las tumbas. Otras, en las que el paso del tiempo o quizá la ausencia de familiares habían hecho mella, están ahora repletas de musgo. Una anciana, acompañada de su cuidadora -que rezaba en voz baja-, se apoyaba en su bastón en el pasillo central mientras con su otra mano limpiaba los restos de ramas depositadas sobre el nombre del fallecido. Como pidiendo a la naturaleza un momento de respeto.

Entre los asistentes había caras jóvenes. Jaime, un joven ourensano que ahora estudia un máster en Madrid, acudía junto a su padre Javier y Celia, su tía, a rendir homenaje a los familiares Sabas Novoa que allí yacen. Porque los cementerios, por más que en ellos se susurre y se camine con pausa, tienen algo de social. De reencuentros.

Mari, Ascensión y José Luis lo corroboraban bajo sus paraguas tras un arreón de llovizna. «Aquí temos a pais, irmáns e avós», decía el tercero. Regresar por un día con los que se marcharon al más allá forma parte de la tradición, que ellos ven perecer con el paso de cada generación. «No cemiterio atopámonos con xente que hai tempo que non ves», explica Mari.

Las tumbas y lo social

«No aspecto que teñen as tumbas tamén se poden explicar as orixes ou os estratos sociais», explicaba un hombre que caminaba junto a las paredes del antiguo monasterio de San Francisco, ajadas por la intemperie. En uno de los nichos, hueco por dentro, reposaba un crucifijo dejado a su suerte entre las telarañas, el avance de la vegetación y los restos de granito.

Mientras, a pocos metros, ante un enorme panteón de color blanco inmaculado, reposaban varias coronas de flores, llamativas desde la lejanía por su marcado contraste con el cobrizo y marrón predominantes de la estación otoñal.

Pero también a escasa distancia de allí, la pequeña tumba de un niño se mostraba deteriorada, tal vez abandonada, ennegrecida y con la inscripción apenas visible. Sin hojas caducas que la tapasen durante el Día de Todos los Santos, pero tampoco flores de primavera.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Ourense

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Comentarios

Hojas de otoño y flores de primavera para acompañar a los muertos