La figura del arquitecto, y la consideración que de la misma tiene la sociedad, ha evolucionado mucho en las últimas décadas, al igual que ha sucedido con el resto de profesionales: abogados, ingenieros, médicos, maestros, etcétera. Y todo ello, debido en gran medida a la democratización de los estudios universitarios, lo que ha provocado que profesiones sólo al alcance de unos pocos privilegiados, llegasen a todo el mundo, fomentando así un aumento de profesionales altamente cualificados integrados entre la población.
Como ejemplo claro de este cambio, recordaré siempre aquella descripción que me hacía mi padre (albañil de profesión) del arquitecto de antaño, al que cuasi había que rendir pleitesía cuando llegaba a la obra.
Hoy en día, la figura del arquitecto y la arquitectura en sí se han acercado a la sociedad, provocando como resultado una mayor participación ciudadana en los procesos arquitectónicos. Contamos con un colegio profesional que trabaja constantemente en fomentar esta cercanía, poniéndola en valor, puesto que una buena arquitectura hace una buena ciudad, y mejora el día a día de sus habitantes, entendiéndose siempre la arquitectura y el urbanismo como un binomio inseparable para lograr este fin.
Pero hay mucho trabajo por hacer. Es imprescindible fomentar la cultura arquitectónica, para dar a conocer la importancia que tiene una ciudad bien ordenada, con una escala adecuada, con unos espacios públicos pensados para las personas y sus necesidades, con una arquitectura que la encuadre y conforme… En definitiva, la importancia de una ciudad más humana.
Y Ourense debe ser el punto de partida. Disponemos de un inmenso potencial que tenemos que explotar: los ríos, las termas, el casco antiguo, la catedral, los edificios singulares, las zonas verdes… todos ellos son focos que debemos impulsar y relacionar para mejorar la vida de sus habitantes. Potenciales que se pueden encontrar en su gran mayoría, en cualquier villa de la provincia, y que deberán ser organizados en base a un buen urbanismo, creado por y para la sociedad, y sin atender a intereses particulares. Un cometido propio de equipos de trabajo cualificados, en los que es figura primordial el arquitecto.
Imaginemos que extrapolamos ese concepto (tan amplio) de urbanismo y ciudad, a un ámbito más doméstico como es el de la vivienda. Podríamos decir que toda vivienda debería contar con una buena organización de sus estancias, una buena iluminación, una buena relación con el exterior, unas instalaciones adecuadas... Lo mismo ocurre con las ciudades: han de estar bien planificadas, disponer de unas buenas comunicaciones, contar con edificios dimensionados en función de las calles, generar espacios libres para el esparcimiento de sus habitantes…
Pero además, para que esa vivienda-ciudad se convierta en un hogar para sus habitantes, debemos acordarnos de la belleza: ese principio el cual ya aparecía en los tratado de arquitectura de hace más de dos mil años. Un buen diseño, tanto interior como exterior, enmarcará la vida en ese hogar, generará nuevos hitos arquitectónicos y creará por tanto, una ciudad de calidad.
Los arquitectos estamos a disposición de nuestra sociedad, y de todos los agentes implicados en el proceso de generar ciudad, para contribuir a que nuestra provincia se convierta en un Hogar, con mayúsculas.
Abel Mares es secretario de la delegación ourensana del Colegio de Arquitectos de Galicia