Un joven Warren Beatty dirigió y protagonizó en 1978 la película «El cielo puede esperar». Era un deportista de éxito, jugador de Los Ángeles Rams, a punto de jugar la Superbowl del fútbol americano, hasta que lo sorprendió una muerte a destiempo. O lo que es lo mismo, un ángel inexperto se llevó su alma cuando todavía no le tocaba fallecer.
Como quiera que su cuerpo fue incinerado con celeridad, en el cielo le ofrecieron al angustiado quaterback varias alternativas momentáneas, antes de que pudiera recuperar la anatomía de un deportista de élite. El resto caería en el terreno del spoiler, aunque tiempo tuvo cualquier interesado en visionar una obra que no llegó a ser maestra nunca.
El cielo de la ACB también espera al Club Ourense Baloncesto, al que quemaron las deudas y una serie de proyectos carentes de sentido, por no hablar de esa politización que se apoderó de la entidad, hasta que Diputación y Concello se hicieron con la mayoría de su accionariado.
Del sótano de la LEB Oro aprendieron los aficionados de la provincia que incluso se podía caer a Plata y los bandazos han sido continuos, hasta que Gonzalo García de Vitoria llegó sacar brillo a plantillas a coste de saldo. Jugadores que destacaban un año y se iban dieron paso a aquel grupo liderado por Rivero y Rejón para ascender en la pista -que no en los despachos-, otra decepción a superar. Pero como soñar no cuesta dinero, fuimos capaces de pensar que un puesto en la final a cuatro de Miribilla era lo mismo que codearse con los trasatlánticos de la categoría. Y no, aún falta un paso más. Falta mojarse para volver al cielo.