El efecto Bolecha


Y a cuando el bipartito de PSOE y BNG nos vendió la Casa da Maxia a mí me pareció que Ourense necesitaba otro tipo de varita para salir adelante. Aquello no cuajó, aunque nos quedamos con un bonito edificio rehabilitado. El proyecto acabó siendo como esas cajas que usan los magos: al principio tienen un ayudante dentro, luego las van atravesando con materiales variados y al final, cuando las abren mientras el público contiene el aliento, está vacía. Nada por aquí, nada por allá. No sé si sería el efecto Borrás o el efecto Tamariz de la infancia pero aquello se parecía a ese truco que eres capaz de descubrir. Y adiós a la magia.

Durante años el edificio sirvió para cosas más útiles que barajar cartas o sacar conejos de la chistera y le solucionó la papeleta a muchas familias, funcionando como ludoteca.

Ahora, el Concello lo ha cedido durante 25 años a la Diputación para crear el Museo dos Bolechas que, según los portavoces del gobierno municipal, va a servir para dinamizar el casco viejo. Y es que no nos engañemos: falta hace. Aunque se haya avanzado mucho en los últimos años sigue habiendo dos cascos históricos, como si jugaran en primera y en segunda división. Pero no hay problema. Ahora con Carlos, Braulio, Sonia, Pili, Loli y Tatá (por supuesto también con Chispa) el futuro de la zona histórica de la ciudad tiene mucha mejor pinta. Dónde vamos a parar. A ver si nos dura porque en 25 años (los que dura la cesión) los personajes a lo mejor se han tenido que ir a un asilo o han emigrado para trabajar.

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