Ni pediatras, ni coles ni niños


Los datos, por conocidos, no deben pasar desapercibidos. Que Galicia pierde población a pasos agigantados, es una realidad a la que la sociedad gallega lleva años enfrentándose. Cuando salen a la luz nuevas estadísticas, los periodistas se estrujan la cabeza para buscar nuevos enfoques que hagan atractivas unas informaciones que podrían resultar repetitivas. Y es que Galicia lleva treinta años con más muertes que nacimientos, tal y como tituló La Voz de Galicia en su página 2 de este mismo martes. Visto así, es más fácil hacerse a la idea de la verdadera dimensión del problema. Es una catástrofe.

Solo un día después, esa realidad, en apariencia abstracta, de la sangría demográfica abotefeó en la cara a la provincia de Ourense, donde más ha impactado este fenómeno. No en vano, nueve de los diez concellos gallegos que más habitantes han perdido en los últimos treinta años son ourensanos. Pues bien, entre los efectos más tangibles de la despoblación está la pérdida de servicios (aunque, muchas veces, es, precisamente, la pérdida de servicios la que invita a hacer las maletas). Así, mientras los vecinos de la comarca de Trives protestaban por la falta de pediatra en su centro de salud, La Voz de Galicia contaba que desde el año 2013 se han perdido veinte aulas de infantil.

En una provincia con más pensionistas que trabajadores, puede verse como una pequeña victoria que los datos del paro mejoren (aún a sabiendas de que en esa mejoría intervienen otros factores). Buscar consuelo es una reacción humana ante la catástrofe, pero la herida sigue sangrando.

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