Voluntarios

Fina Ulloa
Fina Ulloa RECANTO

OURENSE

Hay muchas formas de ejercer la solidaridad, pero personalmente creo que ninguna como la de aquellos que precisamente no aportan nada tangible, sino que empeñan algo tan valioso, relativo y efímero como el tiempo. Uno puede comprar una rifa, hacer un donativo, asistir a un concierto o pagar una cena cuya recaudación sabemos que se destina a ayudar a otros; pero todo eso supone, únicamente, un sacrificio económico -mayor o menor, dependiendo de cada uno-. No hay más implicación anímica que la del ratito en el que decidimos cuánto aportaremos, si vamos u optamos por la fila cero. No perdemos nada de nuestra vida, no tenemos que verle la cara al que va a recibir la ayuda. Pero ¿cuántos estamos dispuestos a ceder varias horas de nuestro tiempo libre, semana tras semana, para trabajar por los demás? Todos sabemos cuál es la respuesta a esa pregunta. Y, sin embargo, hay más ourensanos de los que parece capaces de ese sacrificio e implicación personal. Ahora, en agosto, mientras muchos hacemos malabares para sacar tiempo para una escapadita a playa América, otros están organizando estanterías en el Banco de Alimentos, acompañando desde Cruz Roja a mayores que viven solos, ayudando a clasificar ropa o a servir a quienes acuden al comedor de Cáritas o atendiendo a cientos de niños en el campamento urbano de Amencer. Y hay personas que no se limitan a dedicar unas horas al día o a la semana a esa solidaridad; sino que abren sus hogares durante todo el verano a niños que necesitan salir de su entorno para preservar su salud. No creo que haya manera de agradecer lo que hacen. Aunque, quizá, tampoco lo buscan.