Pimientos


Ahora va de pimientos. Y va de potenciar el cultivo de este producto de la huerta que tantas alegrías ofrece a quienes cada año los esperan. Pimientos, naturalmente, de Arnoia, potentes, carnosos, sólidos y orgullosos, que no consienten con dejarse comer de un bocado. Nos cuentan que el plan es el de movilizar tierras agrarias abandonadas para ponerlas a disposición de los productores que deseen promover las plantaciones de este producto. Es más de hectárea y media la que se puede transformar, haciendo que ese espacio deje de ser un terreno inútil, improductivo, para convertirlo en huerta. Cuentan que son 76 los propietarios del centenar de fincas que bien se podían convertir en un ejemplo de gestión y aprovechamiento de recursos naturales. La segunda parte de la iniciativa, tal y como la explican, apunta directamente a los particulares, al arrendamiento, a los pactos y a los productores, que podrán disponer de nuevas plantaciones, con lo cual también se dinamizará la economía local. Y todos felices. Porque nadie dude de que, si prospera la iniciativa y no se acaba convirtiendo la historia en otro cuento de la lechera, como tantos, se verán más caras sonrientes durante esas semanas de verano en las que los pimientos, junto con sus primos los tomates, lucen como nadie. Por algo se empieza. Ojalá funcione. En el peor de los casos, con hectárea y media bien se puede enredar. Otra cosa sería meterse en profundidades y plantear iniciativas de calado, mirando con decisión al horizonte y al futuro, por ejemplo pensando en el monte y en la riqueza que se nos escapa entre los dedos, como si fuera agua. Duele, pero casi nada cambia.

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