El juego

Luis Manuel Rodríguez González
Luis M. Rodríguez A BOTE PRONTO

OURENSE

23 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Fútbol, balompié, deporte rey, llámenle equis si lo desean. Comenzó siendo ese juego en el que veintidós personas -o las que se tercien en un momento dado- utilizan su cuerpo, con la única prohibición del empleo de las extremidades superiores, para llevar una pelota a la portería contraria.

Pero el gol, fin máximo del lúdico entretenimiento, se convirtió en pasión, lo que dio paso al dinero y, de ahí, a la oportunidad de negocio. El fútbol de hoy en día tiene algo de corrupto en la sangre que corre por sus venas y hasta ha trastocado los valores de su esencia, de su base.

Ya han sido varios los escándalos relativos al deporte de formación, maximizados en el caso del que mueve a más personas en todo el planeta. Desde las ilegalidades registradas en algunas contrataciones -sí, acuerdos vinculantes para niños menores de edad-, hasta problemas relacionados con entornos violentos nada edificantes para jóvenes en proceso educativo.

Vimos en televisión peleas entre padres que piensan que sus hijos los liberarán de la obligación de trabajar, al evolucionar hacia futuros Messi o Cristiano. También nos sorprendemos por la virulencia de los improperios, ya sean racistas, de género o de malintencionado ingenio. Este mismo fin de semana, el entrenador del Ribadumia infantil agredió a un árbitro en el campo de O Grove y un padre de familia insultó y amenazó a una árbitra a orillas del mismísimo Miño y nada menos que en un partido de benjamines. Estará orgulloso del espectáculo lamentable que ofreció delante de su hijo y de sus amigos. Hombre, que es solo un juego.