Memoria y algo de cabeza


Parece que fue anteayer, al menos a mí me lo parece. Pero han transcurrido ya veinte años desde que ETA disparó, dos veces, en la cabeza, a Miguel Ángel Blanco. De paso, detonó nuestras conciencias, siempre escandalizadas con el terrorismo pero quizás trágicamente acostumbradas a los asesinatos. Aunque ha pasado el tiempo aún se me ponen los pelos de punta cuando la tele o la radio recuerdan aquellos días. En la retina, las manos blancas, levantadas, orgullosas, dignas. En el oído, el valiente y desesperado «ETA aquí tienes mi nuca» de las manifestaciones.

La concejala que afilió a Miguel Ángel Blanco al PP, Ana Crespo, que esta semana estuvo en el pueblo de su madre para recordarlo, decía que es muy importante que los jóvenes conozcan la historia de aquellas 48 horas. Yo también lo creo. Se me hace raro que haya chavales que no se den cuenta de qué fue lo que pasó. Luego pienso que nacieron ese mismo año, entiendo que no lo vivieron como yo, pero me reafirmo en la necesidad de que aprendan esta historia.

Cuando pensaba en esto, al escribir este artículo, la viralidad de las redes sociales me traía a la pantalla la foto de dos jóvenes, frente una pancarta en recuerdo de Miguel Ángel Blanco, simulando pegarse un tiro en la sien. En ese momento la necesidad en la que pensaba -transmitir a los jóvenes una lección de historia fechada en 1997- se transformó en urgencia. Si hay alguien capaz de frivolizar con un asesinato que removió los cimientos de la sociedad es que no solo nos hace falta memoria. También algo de cabeza.

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